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Esther Palomera no se entera: tener asistente es legal, usarlo como Begoña Gómez, no

La tertuliana dio por válido un artículo que blanquea la polémica sobre personal en Moncloa, olvidando que el problema no es la existencia de ayudantes sino emplearlos para fines privados con beneficio económico

La periodista Esther Palomera

La periodista Esther PalomeraEuropa Press

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Sandra Sánchez

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Esther Palomera volvió a quedar retratada en redes sociales tras difundir un artículo de un medio afín al Gobierno que intentaba equiparar la situación de Mariano Rajoy en La Moncloa con la de Begoña Gómez. La tertuliana, en su habitual línea de propaganda, pasó por alto la diferencia clave entre ambas circunstancias.

El texto que compartió señalaba que la familia de Rajoy disponía de un asistente durante su estancia en la residencia oficial, añadiendo que “no era malversación”. Una obviedad, porque tener personal de apoyo en Moncloa es legal, necesario y habitual en todos los presidentes.

Lo que Palomera obvió —y lo que el artículo trataba de enmascarar— es que la polémica de Begoña Gómez no surge por contar con una ayudante, sino por utilizarla para gestionar negocios privados, una práctica que encajaría de lleno en la definición de malversación de caudales públicos.

La diferencia es sustancial: Rajoy contó con personal destinado a labores de protocolo y organización familiar, tal y como hicieron otros mandatarios antes y después. Gómez, en cambio, se habría valido de una asistente sufragada con dinero público para coordinar actividades empresariales que le reportaban beneficios económicos personales.

Resulta llamativo que, para defender a la mujer del presidente, Palomera y compañía recurran a comparaciones forzadas y a medias verdades. No se trata de criminalizar la asistencia institucional a las familias de los mandatarios, sino de denunciar cuando esa cobertura se convierte en un instrumento de lucro privado.

La estrategia del equipo de opinión sincronizada es clara: confundir a la opinión pública, trasladar debates falsos y, en última instancia, diluir la responsabilidad de Begoña Gómez. Sin embargo, como aquí les recordamos, la malversación no se mide por tener asistente, sino por aprovecharse de su trabajo en beneficio propio.

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