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Sarah Santaolalla hace el ridículo comparando a los que piensan distinto con Hitler

La tertuliana de En Boca de Todos cruzó la línea al soltar en directo una analogía desmedida sobre el conflicto Israel-Palestina y, lejos de rectificar, la refrendó después en X, desatando críticas feroces

Santaolalla hablando de nazis

Santaolalla hablando de nazisCaptura TV

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Sandra Sánchez

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Sarah Santaolalla volvió a dar de qué hablar en En Boca de Todos. La tertuliana, fiel a su tono incendiario, lanzó una de esas comparaciones que no dejan indiferente: asoció a quienes no piensan como ella con los seguidores de Hitler, entre ridículos gestos de carcelera en un gulag. Un recurso retórico tan grueso como arriesgado que, como era de esperar, no tardó en levantar ampollas.

Lo más sorprendente no fue solo el despropósito en directo, sino que, en lugar de matizar o rebajar la tensión, Santaolalla decidió ratificar su postura en X (antes Twitter). Ese refrendo público multiplicó las críticas y dejó claro que no se trataba de un calentón, sino de una convicción defendida con insistencia.

El comentario llegaba, además, en un momento especialmente delicado: apenas unas horas antes de que Israel y Palestina sellaran el primer paso hacia un acuerdo de paz con la mediación de Donald Trump. Mientras la diplomacia buscaba gestos de entendimiento, Santaolalla optaba por dinamitar el debate con una analogía que la inmensa mayoría tachó de ridícula y fuera de lugar.

Las redes no tardaron en reaccionar. Palabras como “hipérbole grotesca”, “banalización histórica” y “provocación de manual” fueron algunas de las críticas que recibió. Incluso simpatizantes de su línea ideológica reconocieron que el símil con Hitler resultaba innecesario y contraproducente.

Con este episodio, Santaolalla vuelve a situarse en el ojo del huracán, confirmando que su estilo de tertuliana radical es más efectivo generando polémica que aportando análisis. Pero el tiro, esta vez, le ha podido salir por la culata: convertir el nombre de Hitler en comodín dialéctico no solo resta seriedad a su discurso, sino que amenaza con erosionar aún más su ya de por sí escasa credibilidad.

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