Escándalo en TVE: Cintora utiliza la televisión pública para vejar a Iker Jiménez por la DANA
El sanchista presentador aprovecha su ‘visita’ a Gonzalo Miró y a Marta Flich para arremeter contra el comunicador estrella de Mediaset y presentador de Horizonte. Todo con una clara intencionalidad política

Iker Jiménez interviene en Madrid Economic Forum, el pasado junio.
En la sobremesa de La 1, Jesús Cintora se sentaba este pasado lunes 27 en Directo al grano, el plató que Marta Flich y Gonzalo Miró convierten en foro de confesiones. Siguiendo el rastro de Javier Ruiz la semana pasada, el conductor de Malas Lenguas diseccionó el pulso del periodismo español, con el fantasma de la DANA de Valencia –ese aniversario luctuoso de 229 muertos– como telón de fondo.
Pero entre las palabras medidas, un dardo envenenado tenía que soltar el periodista soriano y que días después está siendo muy comentado en redes, tal y como ha podido comprobar ESdiario: una arremetida velada, sin nombre propio, contra Iker Jiménez y su cobertura en Horizonte de Cuatro. “Nos dijeron una barbaridad como que se habían ocultado muertos… ¡y se dijo en programas de televisión con mucha audiencia!”, soltó Cintora, con el parking de Bonaire como estilete. Gonzalo Miró apostilló el golpe: “Lo del parking famoso”. Y el presentador, sin pestañear, llamó al “sentido común” para desmontar “bulos” que, según él, solo buscan adeptos jugando con la muerte.
No hizo falta nombrar a Iker. Todos lo entendieron. El halo de misterio, el “yo te cuento lo que nadie te cuenta”, el “prisma misterioso”… cada frase era un misil dirigido al periodista de Mediaset España, acusado implícitamente de adulterar datos y convertir tragedia en espectáculo. Cintora, con su tono de profesor de ética, defendió la honestidad, la claridad, la naturalidad. “No todo se puede explicar desde ese misterio”, zanjó, con contundencia.
Pero aquí late la paradoja, y el escándalo. No se puede permitir que una televisión pública –financiada con el dinero de todos– se convierta en ariete contra la competencia. Y menos aún cuando el ariete lo empuña un personaje como Cintora: marcado por su sesgo político, entregado al sanchismo como un soldado de plató, y convertido en altavoz oficial de los bulos gubernamentales. Porque mientras acusa a otros de “transmitir bulos para captar adeptos”, él mismo ha sido el megáfono de argumentarios de Moncloa: desde minimizar la huida de Sánchez en Paiporta hasta blanquear la gestión de la DANA con datos maquillados o informaciones sobre las supuestas amenazas de la UCO contra Pedro Sánchez. Es el mismo que, en Las mañanas de Cuatro, fue cesado por “falta de neutralidad” en 2021, y que ahora, recolocado en TVE, repite el guion: defender al poder, atacar al disidente.
En esta guerra de audiencias disfrazada de debate ético, la televisión pública pierde su alma. Usar recursos públicos para desprestigiar a un rival privado –y a un periodista que, guste o no, destapó incógnitas reales sobre la DANA– no es periodismo. Es propaganda. Y cuando el propagandista se viste de moralista, el daño es doble: se mancilla la verdad y se traiciona la misión de servicio público. Iker Jiménez podrá equivocarse, que no lo hace, pero al menos no cobra del erario para callar bocas. Cintora, en cambio, sí. Y eso, en democracia, no es un detalle. Es una vergüenza.