Cisma en Telecinco con el despido fulminante de Jorge Javier Vázquez en las tardes de GH
La cadena se carga la tira diaria de Gran Hermano, que era su gran novedad y apuesta. De hecho, había movido toda la parrilla. Pero el experimento ha fracasado y causado una crisis en la dirección.

Jorge Javier Vázquez y Mamadou, el pasado 30 de octubre.
Telecinco acaba de dinamitar su gran apuesta para relanzar las tardes. La vida en directo, concebida como la alfombra roja hacia el universo de Gran Hermano, ha durado exactamente lo que tardan en sonar tres tiros de salida: tres emisiones. Un derrape de audiencia tan estrepitoso que, según ha podido confirmar ESdiario, ha provocado un auténtico cisma en Mediaset España. Directivos enfrentados, gritos en despachos y una certeza que duele: la cadena se ha metido en una crisis que ya no controla.
Porque no se trataba de un programa más. Era la gran piedra angular sobre la que Mediaset pretendía reconstruir unas tardes desahuciadas. Un proyecto rematado con la mudanza millonaria de Gran Hermano a una nueva casa en Tres Cantos, la inversión más ambiciosa de la temporada. Sin embargo, el primer ladrillo del castillo se ha resquebrajado antes siquiera de asentarse. Y ahora en la cadena culpan directamente a este batacazo de estar comprometiendo —y muy seriamente— todo el futuro del formato estrella.
El desplome ha sido tan violento que da vértigo. El lunes, La vida en directo en Telecinco se presentó con un 5,8% y poco más de 600.000 espectadores: un arranque débil… pero recuperable. Al día siguiente ya caía. Y el miércoles, con un 4,9% y apenas medio millón de espectadores, los mandos de Mediaset entendieron que aquello no tenía salvación posible. Media de un 5,5%. Irrecuperable. Insuficiente. Un agujero negro en la parrilla.
El terremoto ha sido inmediato. Jorge Javier Vázquez anunció de manera abrupta que no presentaría la entrega del jueves. Nagore Robles tomaría el relevo… para apagar la luz. Ese mismo día, la parrilla oficial ya había eliminado cualquier rastro del formato. Y con él, la última esperanza de que la estrategia de “realities de lunes a domingo” funcionara.
Lo más revelador no ha sido la caída del programa en sí, sino lo que ha destapado: el miedo enquistado en los pasillos de Mediaset. El temor a que el efecto dominó arrastre también al formato madre. Porque si la audiencia rechaza el aperitivo, ¿qué ocurrirá con el plato principal?
En la casa de Gran Hermano, donde se ha invertido una auténtica fortuna, ya se habla en voz baja de “preocupación”, “incertidumbre” y “fragilidad”. Aunque la gala del pasado jueves logró un notable 15,8%, el primer Debate dominical —que debía confirmar el tirón del regreso— se hundió hasta un preocupante 9,4% y fue tercera opción. Un síntoma que, visto lo ocurrido esta semana, ya no se puede permitir el lujo de ignorar.
Y todo esto ocurre mientras La Isla de las Tentaciones 9 resiste como puede, pero sin romper los márgenes de seguridad que en otro tiempo eran habituales. La maquinaria ya no engrana con la misma fuerza. Y el público ya no responde por inercia.
En Mediaset intentan ahora colocar parches sobre la fuga. Lo más rápido será estirar El tiempo justo y restaurar el esquema previo a este experimento fallido, uno que ha durado menos que un bloque de anuncios. Pero la herida ya está abierta, y los espectadores han dejado claro que no compran cualquier cosa con el sello de GH estampado en la portada.
Con el público mirando hacia otras cadenas, la dirección de Telecinco se aferra a un deseo casi desesperado: que dentro de la casa construida a golpe de millones estalle alguna trama capaz de resucitar el interés general. Porque, de lo contrario, el colapso de La vida en directo solo será el primer síntoma de un problema mucho más profundo.