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Santaolalla arremete contra el físico de Losantos: no por sus tetas, por su estatura

La colaboradora carga en RTVE contra el locutor con descalificaciones personales mientras Cintora guarda silencio en pleno debate sobre la polémica con Rosa Belmonte y sus palabras en El Hormiguero

Sarah Santaolalla, con Jesús Cintora en Malas Lenguas

Sarah Santaolalla, con Jesús Cintora en Malas LenguasCaptura TV

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Sandra Sánchez

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La tertulia política vuelve a incendiarse en la televisión pública. Durante el programa Malas Lenguas, la polémica colaboradora Sarah Santaolalla dirigió un ataque directo contra Federico Jiménez Losantos que fue más allá de la crítica mediática y derivó en alusiones personales, sin que el presentador Jesús Cintora interviniera para frenarlo.

Santaolalla arrancó con una descalificación profesional: calificó al comunicador como “el pseudoperiodista que ha hecho del insulto su mensaje, del insulto su bandera”.

A partir de ahí elevó el tono con referencias personales. En pleno debate sobre el respeto en la conversación pública ironizó sobre su físico: “no tenemos la misma altura moral, digo, ni el mismo crecimiento personal”. Jiménez Losantos, como casi todos saben, es un hombre de complexión muy menuda.

El comentario con ínfulas de gracieta, pronunciado en antena, se centró en rasgos personales del locutor en lugar de su actividad profesional. Especialmente porque el espacio de RTVE debatía precisamente sobre la degradación del lenguaje político y mediático. Durante la intervención, el presentador no corrigió ni interrumpió a la tertuliana.

La colaboradora también lanzó acusaciones contra el medio del periodista, asegurando que “aparecía en los papeles de Bárcenas” y que la financiación de Libertad Digital procedía de la “caja B del Partido Popular”, afirmaciones realizadas sin respaldo judicial, según el propio programa.

El episodio se produce además pocos días después de la polémica protagonizada por la propia Santaolalla a raíz del comentario de Rosa Belmonte en El Hormiguero —“mitad tonta mitad tetas”— que generó una fuerte discusión pública sobre los límites del insulto en televisión.

La secuencia dejó una paradoja evidente: un espacio que denunciaba la agresividad verbal terminó convirtiéndose en escenario de ataques personales en directo. Y lo hizo sin rectificación ni advertencia del conductor del programa, pese a la dureza de las expresiones utilizadas. Y en una cadena pública, que sigue arrastrando su reputación por, esta vez sí, el fango.

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