Pedro Sánchez y ‘MAO’ dinamitan la Agencia EFE: apagón informativo real
El buque insignia mundial de la información en español hace aguas por todas partes. Los sueldos de miseria, mientras los jefes se enriquecen, ha provocado una huelga sin precedentes y todo apunta a Moncloa

Pedro Sánchez, en un acto patrocinado por EFE.
La Agencia EFE, el buque insignia informativo de España, vive una crisis sin precedentes. Y ya no se trata solo de tensiones internas, protestas sindicales o quejas aisladas. Ahora se ha cruzado una línea roja histórica: los trabajadores de la delegación en Oriente Medio han decidido iniciar un parón informativo desde El Cairo, dejando de fechar sus contenidos desde la capital egipcia y poniendo en jaque la cobertura de una de las regiones más volátiles del planeta.
Una decisión extrema que tiene responsables claros: Pedro Sánchez y su hombre de confianza al frente de la agencia pública, Miguel Ángel Oliver, el ex secretario de Estado de Comunicación convertido en presidente de EFE. El resultado de la politización de la agencia, denuncian fuentes internas, es un caos organizativo, precariedad laboral y un deterioro sin precedentes del prestigio de la institución.
Según el comunicado de los trabajadores, el parón se mantendrá al menos hasta finales de marzo, cuando la dirección se ha comprometido a presentar un plan para paliar la situación. Un plan que, a día de hoy, nadie conoce. Ni cifras, ni plazos, ni medidas concretas. Solo vaguedades, opacidad y una sensación generalizada de abandono.
“Estamos a ciegas”, admiten los propios redactores, que denuncian que el diseño de ese plan se está elaborando sin contar con ellos. Es decir, sin escuchar a quienes sostienen sobre el terreno la cobertura informativa en una región clave para la política internacional española.
Meses de recortes y sueldos indignos
La protesta no es un capricho. Los trabajadores aseguran que llevan diez meses cobrando entre un 25 % y un 27,5 % menos de su salario neto. Muchos no alcanzan los 1.000 euros mensuales. Una cifra escandalosa para corresponsales que cubren guerras, crisis humanitarias y conflictos geopolíticos de primer nivel.
La situación se agrava por la falta de comunicación directa con Madrid y por la ausencia de soluciones reales. El compromiso de la dirección llega tarde, mal y sin garantías. Y mientras tanto, EFE se queda sin una de sus delegaciones estratégicas en una zona crítica del mundo.
El precio de colocar a un comisario político
Desde que Pedro Sánchez situó a Miguel Ángel Oliver al frente de la agencia, las tensiones no han dejado de crecer. Oliver, conocido como “MAO” en los pasillos de Moncloa, es un perfil político puro, sin trayectoria periodística relevante, cuya llegada fue interpretada como un intento de controlar la narrativa informativa desde el poder.
El resultado es un reguero de conflictos internos: protestas por el proyecto Efenews, crisis en la corresponsalía de Argentina por sueldos considerados “miserables”, fuga de talento en el área comercial de América por la gestión autoritaria de la dirección y un área de Deportes en pie de guerra por la cobertura del Mundial de 2026.
Ahora, Oriente Medio se suma a una lista de incendios que evidencian el colapso del modelo de gestión impuesto por Moncloa.
El parón informativo en El Cairo no es solo un conflicto laboral. Es un golpe directo a la credibilidad internacional de España. EFE no es una empresa privada: es una herramienta estratégica del Estado, con más de 1.500 clientes y presencia en todo el mundo.
Los trabajadores lo dicen sin ambages: no son empleados de segunda. Exigen recuperar su poder adquisitivo y su dignidad profesional. Y advierten: sin salarios dignos, no habrá información desde El Cairo.
La crisis de EFE se suma a la larga lista de instituciones tensionadas por la estrategia de control informativo del Gobierno. Colocar a un ex secretario de Estado de Comunicación al frente de la principal agencia pública no fue una casualidad, sino una decisión política con consecuencias.
Mientras Moncloa guarda silencio, los corresponsales se plantan. Y la agencia que presume de estar “siempre” ya no está. Al menos, para sus propios trabajadores.