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Crisis Broncano: trágicos 3 meses en TVE, pero con 31 millones en el banco

La Revuelta ya baja la media de la cadena. Lo que era la gran esperanza del sanchismo mediático para derrocar a Pablo Motos se ha convertido en un auténtico bluf, millonario pero bluf

David Broncano y Silvia Alonso.

David Broncano y Silvia Alonso.Europa Press

David Lozano
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En la televisión pública, donde el dinero de todos se reparte con un decreto-ley, David Broncano ha sido renovado por RTVE hasta 2028. Tal y cómo informamos en ESdiario, dos temporadas más de La Revuelta, 320 programas en total, a cambio de 31,5 millones de euros más IVA. Un incremento sustancial respecto al contrato anterior: de unos 14 millones por temporada a casi 16, de 88.000 euros por entrega a casi 99.000. El humorista, que llegó hace año y medio entre truenos y destituciones, se queda blindado más allá de las próximas elecciones generales.

La operación, sellada por José Pablo López —la marioneta de Pedro Sánchez en TVE—, huele a maniobra política con aroma de Moncloa. Porque en esta España de trincheras audiovisuales, retener a Broncano en La 1 no es solo una apuesta por la audiencia: es un dardo directo a Pablo Motos, a Antena 3 y a El Hormiguero,  que sigue imbatible en la franja. Sánchez y su entorno parecen dispuestos a pagar intentar hacer sombra a Motos, pero no lo consiguen pese lo a engordar la factura de una corporación que se financia con nuestros impuestos.

Mientras el contribuyente mira la cifra y se pregunta si esos más de 31 millones de euros no estarían mejor destinados a otra causa, Broncano celebra la renovación con los peores datos históricos en Televisión Española.

Los datos de audiencia dejan una radiografía cruel: La Revuelta encadena ya tres meses sin superar consistentemente la media mensual de La 1. Dicho de otra forma, empeora los resultados de la cadena pública (pese a ser el formato estrella y más caro) y una y otra vez ve cómo su gran rival, El Hormiguero, se sitúa por delante en el duelo noche tras noche.

Lo que en su momento se vendió como el programa que podía rivalizar —e incluso desbancar— al espacio de Pablo Motos, capaz de mantener décadas de audiencia con cifras sólidas, ha ido perdiendo fuelle sin remedio. En lugar de escalar posiciones, La Revuelta ha quedado estancada alrededor de cuotas que no sorprenden ni incomodan al líder de Antena 3.

En RTVE, la tensión ya no está solo en los despachos: se siente en la parrilla. Las decisiones editoriales para promocionar al formato y protegerlo de la caída —incluyendo movimientos tácticos como darle prioridad en la programación frente a otros estrenos de la casa— hablan de una estrategia que intenta compensar una realidad tozuda: el público sigue eligiendo a Motos en su cita casi ritual con la televisión.

Lo que se planteó como una “revolución” televisiva se ha convertido, paso a paso, en un desesperado intento por sostener un proyecto que no termina de conectar con la audiencia de siempre ni con la nueva. Y en este pulso silencioso entre formatos y cadenas, lo que está en juego es algo más que share: es la credibilidad de una apuesta por una televisión pública ambiciosa que, de momento, no encuentra la fórmula para vencer a la tradición.

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