ESdiario

8m

Ana Rosa desmonta el feminismo de cartón del Gobierno en un editorial demoledor

Ana Rosa Quintana dinamita el relato feminista de Moncloa y denuncia que, tras la propaganda del 8M, se esconden retrocesos, violencia y un Gobierno sin autoridad moral para dar lecciones.

Ana Rosa Quintana en su programa

Ana Rosa Quintana en su programa

Luis Sordo
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La periodista carga contra el triunfalismo del 8M, denuncia el deterioro real de la situación de las mujeres y retrata a Pedro Sánchez como el gran beneficiado de una propaganda que ya no tapa ni los datos ni los escándalos.

Ana Rosa Quintana lanzó este lunes un editorial durísimo contra el relato oficial del Gobierno en torno al 8M, al que acusó de vivir instalado en la propaganda, el autobombo y la manipulación política de una jornada que debería servir para denunciar la situación real de las mujeres, no para fabricar eslóganes de campaña.

La comunicadora no dejó espacio para los matices. Su tesis fue clara desde el arranque: el discurso triunfalista del Ejecutivo “se da de bruces con la realidad”. Y esa realidad, según expuso, no solo desmiente el cuento del Gobierno más feminista de la historia, sino que lo deja en evidencia. España, recordó, ha retrocedido veinte puestos en un índice internacional que mide la seguridad y los derechos de las mujeres, un dato devastador para un sanchismo que ha hecho del feminismo una marca electoral antes que una política eficaz.

Los problemas de verdad

Pero Ana Rosa fue todavía más lejos al bajar del eslogan al drama. Puso sobre la mesa el balance insoportable de los dos primeros meses del año: diez mujeres y dos menores asesinados. Una cifra escalofriante que, lejos de invitar a la autocomplacencia, debería obligar a un examen severo de unas políticas públicas que no están funcionando como se pregona desde el poder. A ello sumó las deficiencias en la gestión de las pulseras de localización para maltratadores, otro agujero que desmonta la supuesta superioridad moral del Ejecutivo en esta materia.

Con semejante panorama, el editorial destroza la puesta en escena del 8M oficial. Para Ana Rosa, lo visto este año fue poco menos que una caricatura: una jornada secuestrada por la propaganda partidista, convertida en mitin y colonizada por consignas tan gruesas como oportunistas. La periodista afea especialmente que el lema “No a la guerra” terminara desplazando el centro del debate, como si la reivindicación de los derechos de las mujeres pudiera usarse como decorado ideológico para las necesidades coyunturales de La Moncloa.

Ahí aparece una de las críticas más punzantes del editorial: la hipocresía selectiva del feminismo oficial. Mientras en España se reparten lecciones morales y pancartas prefabricadas, Ana Rosa recuerda la persecución brutal que sufren las mujeres iraníes por desafiar a los ayatolás y evoca el caso de Masha Amini. La comparación es letal: cuando la causa no encaja en la estrategia política de la izquierda gubernamental, el ardor feminista se enfría, el tono baja y la indignación se vuelve mucho más discreta.

Y en el centro de esa operación propagandística, según el editorial, vuelve a estar Pedro Sánchez. Ana Rosa ironiza con ferocidad sobre la imagen del presidente como “superhéroe” del feminismo, después de que la ministra de Igualdad lo alabara públicamente en esos términos. La escena, presentada casi como una canonización política, le sirve a la periodista para ridiculizar una maquinaria de poder que ya ni siquiera disimula el culto al líder. El problema, viene a decir, es que ese supuesto héroe tiene demasiada kriptonita alrededor.

Por eso el editorial conecta esa retórica épica con nombres y episodios incómodos: Salazar, las sospechas sobre la financiación de las primarias de Sánchez, o el uso de mujeres por parte del entorno de Ábalos y su exasesor. Ana Rosa no se limita a cuestionar la eficacia del Gobierno; cuestiona directamente su autoridad para dar lecciones. Porque una cosa es envolverse en la pancarta y otra muy distinta sostener un discurso ético cuando el poder aparece rodeado de sombras, escándalos y dobles varas de medir.

El remate no pudo ser más simbólico ni más hiriente. La periodista subraya la paradoja de que la comisión Koldo se celebre en la sala Campoamor del Senado y recupera una frase de Clara Campoamor para denunciar que, detrás de toda esta supuesta épica feminista, siguen mandando los mismos mecanismos de poder de siempre. En otras palabras: mucho cartel, mucho eslogan y mucho pecho inflado, pero las mujeres continúan atrapadas entre la violencia real, la instrumentalización política y un feminismo de escaparate cada vez más desacreditado.

Ana Rosa, en definitiva, no firma un editorial más sobre el 8M: firma una demolición en toda regla del feminismo de cartón piedra del Gobierno. Un texto que acusa al sanchismo de haber convertido una causa justa en un producto de marketing político, mientras los datos empeoran, la violencia persiste y la propaganda intenta tapar lo que la realidad ya grita.

tracking