Bochorno de José Pablo López en la capilla ardiente: aprovecha la muerte de Fernando Ónega
El presidente de RTVE vuelve a dar la nota con un comportamiento que demuestra su afán de protagonismo y que le retrata en un momento muy delicado: sin escrúpulos
Los restos mortales de Fernando Ónega salen de la Casa de Galicia de Madrid.
Madrid vivió uno de esos días en los que el periodismo español se mira al espejo de su propia historia. La capilla ardiente de Fernando Ónega, instalada en la Casa de Galicia, reunió durante horas a políticos, periodistas y personalidades que quisieron despedir al cronista que narró durante medio siglo la vida pública del país.
Desde primera hora de la mañana el desfile fue constante. Allí estaban sus hijas, Sonsoles Ónega y Cristina, arropadas por familiares, amigos y compañeros de profesión. Sonsoles apareció visiblemente afectada, consciente de que el adiós a su padre también era el adiós a uno de los grandes nombres del periodismo de la Transición.
El homenaje reunió a figuras de todos los ámbitos. Periodistas como Iñaki Gabilondo, Carlos Alsina o Lorenzo Milá acudieron para rendir tributo a quien durante décadas fue referencia profesional y humana. También pasaron por la capilla ardiente presentadores y comunicadores como Susanna Griso, Joaquín Prat, Terelu Campos o Nieves Herrero, reflejo de la enorme influencia que Ónega ejerció en varias generaciones de periodistas.
La política también quiso despedir al cronista de la democracia. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ex presidente Mariano Rajoy coincidieron en destacar su papel en la historia reciente de España, especialmente su contribución a la narrativa de la Transición.
Uno de los momentos más emotivos llegó con la presencia de Letizia Ortiz. La Reina acudió para despedir a quien, según confesó, había sido una referencia profesional desde sus años de estudiante y, además, el padre de una de sus amigas más cercanas.
La discreción frente al protagonismo
Pero entre las escenas de respeto y recogimiento hubo también gestos que no pasaron desapercibidos para muchos de los presentes. Algunos directivos y profesionales de los medios optaron por la discreción absoluta. Fue el caso de Javier Bardají, consejero delegado de Atresmedia, cuya presencia fue prácticamente invisible para las cámaras, en línea con el tono sobrio que marcó la despedida.
Muy distinta fue, según comentaron varios asistentes, la actitud del presidente de RTVE, José Pablo López. El máximo responsable de la radiotelevisión pública acudió al velatorio, pero su comportamiento llamó la atención de algunos profesionales del sector, que observaron cómo buscaba visibilidad ante los medios presentes en un momento que muchos consideraban reservado para el recuerdo y el respeto.
El contraste entre la discreción de algunos compañeros de profesión y el protagonismo de otros fue comentado en corrillos entre periodistas y asistentes. Para quienes lo presenciaron, el gesto resultó especialmente incómodo en un escenario marcado por el dolor de la familia y la emoción del gremio.
Más allá de esos episodios, la jornada estuvo dominada por el reconocimiento a la figura de Ónega. Autor del célebre discurso “Puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez, el periodista gallego fue durante décadas una de las voces que mejor narró la evolución política del país.
Por eso, el desfile de personalidades en la Casa de Galicia tuvo algo de homenaje colectivo a una generación de periodistas que vivió la política desde dentro.