TVE dispara la presencia de Cintora en La 2 con el comodín de los “bulos” y fulmina un clásico de su sábado noche
RTVE premia al periodista con una nueva versión nocturna de Malas lenguas mientras vende como lucha contra la desinformación lo que sus críticos consideran propaganda de parte al servicio del poder

'Malas Lenguas' de TVE
RTVE ha vuelto a retratarse. La cadena pública ha decidido dar todavía más aire a Jesús Cintora y estrenará el próximo sábado 25 de abril a las 22:00 horas Malas lenguas noche en La 2, una maniobra con la que no solo refuerza a uno de sus rostros más ideologizados, sino que además sacrifica una marca histórica como Versión española para hacerle hueco.
Y todo ello, cómo no, envuelto en esa superioridad moral tan del gusto de la actual televisión pública. “Los bulos no descansan, nosotros tampoco”, proclama RTVE para promocionar el nuevo espacio. Un lema rotundo, casi heroico, que en boca de Cintora suena para muchos a chiste de mal gusto. Porque pocos presentadores encarnan de forma tan evidente un periodismo de trinchera, tan alineado con una visión política concreta y tan poco creíble cuando se presenta como árbitro neutral de la verdad.
El nuevo niño mimado de la televisión pública
Lo de Cintora en RTVE ya no es una apuesta: es una obsesión. La corporación no se conforma con su presencia diaria en la franja vespertina, sino que ahora le abre además la puerta del prime time del sábado, convencida de que debe seguir engordando una marca que considera útil en términos políticos y simbólicos.
Da igual que la televisión pública tenga la obligación de guardar ciertas formas de pluralidad. Da igual que haya espectadores que contemplen con estupor cómo se promociona con dinero de todos a un comunicador que jamás ha disimulado su sesgo. En Prado del Rey han tomado partido y ni siquiera se molestan ya en maquillarlo demasiado.
La excusa de los bulos ya no se la cree casi nadie
El gran paraguas argumental de Malas lenguas noche será la lucha contra la desinformación. Es la palabra fetiche del momento. El comodín perfecto. El envoltorio con el que se pretende santificar cualquier producto de agitación política disfrazado de periodismo vigilante.
Pero la trampa es demasiado burda. Porque denunciar bulos no consiste en levantar el dedo contra el adversario mientras se mira hacia otro lado cuando las medias verdades, los silencios interesados o las manipulaciones afectan al bloque ideológico propio. Y esa es precisamente la gran sombra que persigue a Cintora: la de ejercer un supuesto periodismo de denuncia que, casualmente, casi siempre apunta en la misma dirección y casi nunca incomoda de verdad al Gobierno.
De ahí que muchos no vean en él un azote de la mentira, sino un eficaz altavoz del relato oficialista. Más comisario que contrapoder. Más militancia que periodismo.
La 2, refugio cómodo para evitar el batacazo
RTVE, además, ha afinado bien la jugada. Tras sus tropiezos en el sábado noche de La 1, ahora cambia de escenario y traslada su apuesta a La 2. No es un detalle menor. Allí la presión por la audiencia es bastante menor, el foco mediático también y cualquier resultado decente puede venderse después como una brillante operación estratégica.
Es decir, la cadena protege a Cintora incluso cuando le amplía el escaparate. Le da prime time, sí, pero en un territorio más amable, menos exigente y mucho más fácil de manejar si las cosas no salen como se espera. Un colchón perfecto para seguir alimentando el producto sin exponerlo al examen real de la primera cadena.
Una tertulia de los de siempre para contar lo de siempre
La lista de colaboradores de Malas lenguas noche tampoco es precisamente un canto a la sorpresa. Javier Aroca, Jesús Maraña, Esther Palomera, Antón Losada, Ernesto Ekaizer o Sarah Santaolalla, entre otros, conforman un ecosistema perfectamente reconocible para cualquiera que haya seguido el debate político televisivo en los últimos años.