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LA SEXTA

La hipocresía de Wyoming y 'El Intermedio': de recibir un premio de Leire Díez a convertir su escándalo en una zarzuela

El programa de La Sexta tira de chanza y canción para reírse del caso de la fontanera del PSOE, pero olvida un incómodo detalle: Leire Díez ya formó parte del universo de homenajes y galardones que en su día aplaudió al equipo de Wyoming

Wyoming y su

Wyoming y su "Sálvame Borbón".

Luis Sordo
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Hay bromas que hacen gracia y bromas que retratan. Y lo ocurrido con El Intermedio y Leire Díez pertenece más a la segunda categoría que a la primera. El programa de Wyoming ha decidido convertir el escándalo de la conocida como “fontanera” del PSOE en una zarzuela televisiva, con coplas, IA, sainete y una frase pensada para circular por redes: “¿Qué rajas de mí, fontanera mía?”.

El problema es que detrás de la chirigota no hay una anécdota menor, sino un caso que apunta a presuntas maniobras de cloacas, tráfico de influencias, búsqueda de información sensible y operaciones en la sombra dentro del entorno socialista. Es decir, material demasiado serio como para despacharlo con palmas, chascarrillos y género chico.

La memoria selectiva de Wyoming

La ironía se vuelve todavía más amarga al recuperar una fotografía del pasado. En diciembre de 2012, Wyoming y los guionistas de El Intermedio recibieron el Premio Nicolás Salmerón de Derechos Humanos. Y en aquella entrega aparece Leire Díez, entonces vinculada a círculos socialistas, participando en el acto que premiaba al programa de La Sexta.

Hoy, esa misma Leire Díez se ha convertido en un personaje incómodo para Ferraz. La mujer que durante años orbitó en el entorno socialista aparece ahora en el epicentro de una investigación que salpica al PSOE, a Santos Cerdán y a otros nombres del aparato. Pero para Wyoming, siempre tan severo con las cloacas ajenas, la cosa parece quedar reducida a una función de zarzuela.

El usuario Guillermo Rocafort lo resumía con una pregunta tan simple como demoledora: “Hola Wyoming, ¿vais a representar también la zarzuela de cuando Leire la Fontanera os concedió el premio?”. La frase duele porque apunta justo al centro de la contradicción: cuando la izquierda reparte medallas, todo son derechos humanos; cuando estalla el escándalo, todo se convierte en comedia.

Del premio solemne al chiste fácil

El Premio Nicolás Salmerón presume de estar asociado a la defensa de las libertades y los derechos humanos. Por eso resulta tan llamativo que quienes lo recibieron con solemnidad en 2012 de un entorno donde aparecía Leire Díez se dediquen ahora a trivializar el papel de la exmilitante socialista con una parodia musical.

No se trata de negar el derecho al humor. Se trata de preguntarse por qué algunos escándalos merecen editoriales indignados, noches de tertulia y superioridad moral, mientras otros se transforman en sainetes televisivos cuando afectan al PSOE. Porque si el caso hubiera salpicado al PP o a Vox, cuesta imaginar a El Intermedio rebajándolo a una simple copla simpática.

Ahí está la doble vara de medir. La sátira es feroz cuando mira hacia la derecha, pero se vuelve juguetona, casi indulgente, cuando el barro llega a Ferraz. Y en el caso Leire Díez, el barro no es precisamente decorativo.

La cloaca no se tapa con música

La realidad judicial sigue su curso. Leire Díez ha tenido que dar explicaciones, el PSOE ha intentado marcar distancias, Santos Cerdán aparece en el perímetro político del caso y las pesquisas apuntan a supuestas actuaciones para obtener información sobre mandos de la Guardia Civil, fiscales y procedimientos sensibles.

Pero mientras los investigadores siguen tirando del hilo, Wyoming y sus guionistas prefieren convertir el asunto en una pieza castiza. “Leire, azucarillos y el delincuente”, lo llaman. Una ocurrencia televisiva que puede arrancar sonrisas, sí, pero que también deja al descubierto una incomodidad evidente: la misma izquierda mediática que se presenta como guardiana de la limpieza democrática tiene una sorprendente facilidad para hacer bromas cuando la suciedad aparece en su propia casa.

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