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TVE prepara el relato de la “agresión ultra” y un móvil graba lo que no quería enseñar

‘Malas Lenguas’ presenta a una reportera como víctima de los ultras, pero unas imágenes tomadas desde otro ángulo muestran un enfrentamiento mucho más bronco y ponen en cuestión la versión difundida por la televisión pública

Sarah Santaolalla, con Jesús Cintora en Malas Lenguas

Sarah Santaolalla, con Jesús Cintora en Malas LenguasCaptura TV

Luis Sordo
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TVE vuelve a tropezar con el mismo problema: la realidad tiene la incómoda costumbre de no ajustarse al relato. El programa ‘Malas Lenguas’ volvió este fin de semana a cargar contra los “ultras” después de un incidente protagonizado por una de sus reporteras durante una concentración celebrada en Madrid. El espacio de RTVE presentó a la periodista como víctima de una agresión y convirtió el episodio en un nuevo ejemplo de la supuesta hostilidad de la extrema derecha hacia los medios de comunicación.

Desde el plató, Sarah Santaolalla elevó todavía más el tono y reclamó a la Policía el mismo celo que, según sus palabras, demuestra contra quienes llevan banderas palestinas, profesoras o esteladas, pero esta vez para actuar “contra los nazis”. El relato quedaba así perfectamente construido: periodistas que cumplen con su trabajo frente a unos manifestantes violentos que atacan a la prensa.

Hasta que apareció otro vídeo.

El otro ángulo que cambia la película

El incidente tuvo lugar tras una concentración celebrada en la Plaza de la Armería de Madrid, convocada por colectivos como Revuelta, Save Europe Act y Reconquista bajo el lema de la “remigración”. Las imágenes difundidas inicialmente por el entorno del programa muestran momentos de tensión, empujones y la intervención de agentes de Policía. Con ese material, ‘Malas Lenguas’ construyó su particular relato sobre una nueva “agresión ultra”.

Pero alguien estaba grabando desde otro punto.

Las imágenes que comenzaron a circular después en redes sociales ofrecen una perspectiva diferente del episodio. En ellas aparece la reportera identificada como integrante del equipo de ‘Malas Lenguas’ encarándose con una mujer que la está grabando, gesticulando con intensidad, señalándola con el dedo y elevando el tono de voz. En un momento de la discusión llega a exigirle: “¡No me grabes!”. La situación termina con presencia policial y contacto físico entre varios de los implicados.

El vídeo, por sí solo, no permite establecer responsabilidades jurídicas ni determinar si existió una agresión en sentido legal. Pero sí aporta algo que resulta fundamental en cualquier información periodística: contexto. La reportera no aparece simplemente como una profesional pasiva que se limita a recibir los ataques de una turba. Las imágenes muestran un enfrentamiento en el que ella participa activamente antes de que intervengan los agentes.

El problema de controlar el relato

La diferencia entre ambos enfoques resulta evidente. En el relato televisivo, los “ultras” ocupan el papel de agresores y la periodista el de víctima. En las imágenes alternativas aparece una escena bastante más compleja, con una discusión previa, gritos, gestos, tensión y una reportera que también interviene de forma contundente en el enfrentamiento.

Y ahí es donde surge la pregunta que RTVE debería responder: ¿por qué el espectador no pudo conocer desde el principio toda la secuencia?

Porque una cosa es informar de un incidente y otra seleccionar únicamente aquellos momentos que permiten construir una determinada interpretación política. Si existen varios vídeos de una misma escena, lo razonable en una televisión pública es ofrecer el contexto necesario para que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones, no entregarle una versión previamente empaquetada.

El problema para TVE es que en 2026 ya no tiene el monopolio de las imágenes. Cualquier ciudadano puede llevar un teléfono móvil en el bolsillo y convertirse en testigo de una noticia. Y cuando ese ciudadano graba desde el ángulo que una televisión no muestra, puede suceder algo tan sencillo como que la historia cambie.

‘Malas Lenguas’ y el mismo guión

No es la primera vez que ‘Malas Lenguas’ sitúa a sus periodistas en el centro de episodios de tensión durante coberturas relacionadas con concentraciones de la derecha o protestas contra las políticas del Gobierno. En sus emisiones se ha convertido en habitual la denuncia de supuestos “acosos”, “amenazas” o “agresiones ultras”, especialmente cuando sus equipos acuden a lugares donde se concentran colectivos críticos con la inmigración o con el Ejecutivo.

El problema aparece cuando ese esquema termina convirtiéndose en una especie de reparto automático: periodista de RTVE igual a víctima; manifestante de derechas igual a agresor. La realidad, sin embargo, no siempre funciona con personajes de buenos y malos tan perfectamente definidos. Y mucho menos cuando existen grabaciones independientes que permiten reconstruir los hechos desde otros puntos de vista.

La cobertura de este fin de semana vuelve a poner sobre la mesa ese problema. El programa puede denunciar cualquier agresión que considere que se ha producido y la periodista tiene todo el derecho a reclamar protección policial si entiende que está siendo acosada. Pero una televisión pública también tiene la obligación de contar qué ocurrió antes, durante y después del incidente, especialmente cuando existen imágenes que permiten completar la secuencia.

RTVE no es una trinchera

Hay además una cuestión de fondo que no debería perderse entre los gritos y los vídeos de redes sociales. RTVE se financia con dinero público y pertenece a todos los españoles, también a quienes acuden a concentraciones de derechas, a quienes votan al PP o a Vox y a quienes consideran que las políticas migratorias del Gobierno son equivocadas.

Por eso resulta especialmente preocupante que determinados espacios de la televisión pública parezcan afrontar algunas coberturas como si fueran auténticas batallas políticas. Un periodista debe informar, preguntar y contar lo que sucede, pero no convertirse en protagonista de una confrontación ideológica para después utilizar el incidente como munición desde el plató.

El periodismo no consiste en decidir primero quién es el bueno y quién es el malo y buscar después las imágenes que permitan demostrarlo. Consiste precisamente en contar los hechos aunque el resultado no encaje con el relato que uno tenía preparado.

“Qué mala suerte para TVE”

La ironía que circula en redes sociales resume el problema con bastante precisión. La cuenta paródica de Isabel la Católica ha publicado que TVE tuvo “mala suerte” porque “preparas el relato, eliges quién es víctima y quién agresor” y resulta que “alguien estaba grabando desde otro ángulo”.

La frase ha corrido como la pólvora porque señala una realidad que cada vez resulta más difícil ignorar: la televisión ya no decide en solitario qué ocurrió. Hay cientos de cámaras repartidas entre los ciudadanos y cualquier acontecimiento puede quedar registrado desde perspectivas diferentes.

Eso obliga a los medios a ser más rigurosos, no menos. Si un vídeo contradice o matiza la primera versión difundida, la obligación periodística no es esconderlo, sino incorporarlo a la información. De lo contrario, el problema deja de ser lo ocurrido en la calle y pasa a ser la credibilidad del medio que está contando lo ocurrido.

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