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El plato de Navidad que no necesita atención y siempre sale bien

Clásico, sencillo y casi infalible, el cordero al horno sigue siendo uno de los platos más repetidos en las mesas navideñas porque apenas exige intervención y rara vez falla

El cordero al horno es uno de los platos más fiables de la Navidad: se prepara con antelación, pasa horas en el horno y rara vez falla.

El cordero al horno es uno de los platos más fiables de la Navidad: se prepara con antelación, pasa horas en el horno y rara vez falla.Getty Images

Patricia de la Torre
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En muchas casas, la Navidad empieza realmente cuando el horno se enciende. Dentro, casi siempre, hay cordero. Paletillas o piernas colocadas con cuidado, apenas aderezadas, dispuestas a pasar horas al calor mientras el resto de la comida se organiza alrededor.

El cordero al horno es uno de esos platos que no piden vigilancia constante. Se prepara con pocos ingredientes, se introduce en el horno y el tiempo hace el resto. No requiere técnica, ni movimientos precisos, ni decisiones de última hora. Basta con comprobar de vez en cuando que todo sigue su curso.

Prepararlo es tan sencillo como colocar el cordero en una bandeja amplia, salarlo ligeramente, añadir un poco de agua o caldo en el fondo y dejar que el horno haga su trabajo. Con una temperatura moderada y varias horas por delante, la carne se va cocinando despacio hasta quedar tierna por dentro y dorada por fuera. En algunas casas se riega una vez a mitad de cocción; en otras, ni siquiera eso. El resultado suele ser igual de fiable.

Quizá por eso se ha convertido en un habitual de las comidas navideñas. En días largos, con invitados y varios platos en marcha, saber que el principal no va a dar problemas es un alivio. El horno trabaja en segundo plano mientras la cocina se llena de conversaciones, preparativos y esperas.

Un clásico que resiste el paso del tiempo

Pese a la aparición de nuevos menús y propuestas más sofisticadas, el cordero al horno mantiene su lugar. No responde a modas ni pretende reinventarse. Funciona porque siempre lo ha hecho. Porque es reconocible, porque el resultado es previsible y porque el margen de error es mínimo.

Con el paso de las horas, la carne se vuelve tierna, la superficie se dora y el olor acaba impregnándolo todo. Cuando llega el momento de servirlo, el plato cumple exactamente lo que promete. Es contundente, es festivo y no necesita explicación.

Además, tiene otra ventaja poco comentada: se puede dejar preparado con antelación. El horno permite organizar tiempos, ajustar horarios y evitar prisas de última hora. Incluso recalentado, mantiene bien su textura y su sabor, algo que no ocurre con todos los platos principales.

Por eso, año tras año, el cordero vuelve a la mesa sin grandes debates. No es el más moderno ni el más ligero, pero sigue siendo uno de los platos que mejor encajan en la lógica de la Navidad.

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