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Guardianes del vino, bodegueros que nacieron junto a una barrica

Hay personas que no eligen el vino, sino que nacen en él. Criados entre viñas, con el aroma de la vendimia impregnado en la memoria y las manos teñidas de mosto desde la infancia, estos nombres comparten un destino marcado por la tierra, la tradición y el instinto. En un país con miles de bodegas familiares, pocos logran mantener con éxito el pulso del legado y la innovación como lo hacen José y Javier Moro, Carolina Inaraja o María José López de Heredia. Historias distintas, unidas por una misma raíz: el vino como forma de vida.

José Moro, Cepa 21

José Moro, Cepa 21

Borja Fadón
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España es uno de los países con mayor tradición vinícola del mundo, y no solo por la extensión y diversidad de sus viñedos, sino también por la existencia de auténticas sagas bodegueras: familias que han convertido la elaboración del vino en un legado multigeneracional. Estas sagas no solo han marcado el rumbo del vino español a lo largo de los siglos, sino que también han sabido adaptarse a los cambios del mercado, la tecnología y el gusto del consumidor, manteniendo el prestigio y la calidad como señas de identidad.

En esas sagas, hay personas que llegan al mundo con una vocación impuesta por el entorno. No impuesta en el mal sentido, sino casi como una consecuencia inevitable del paisaje que los vio crecer. Niños que crecieron entre racimos y surcos, con las manos manchadas de mosto, que reconocían el olor de la vendimia y entendían, casi por instinto, cuándo la uva pedía sol y cuándo suplicaba sombra. Hijos de bodegueros, sí, pero también herederos de una forma de vivir el vino que va más allá del negocio o la etiqueta.

En un país como España, con más de 4.000 bodegas repartidas de norte a sur, es fácil encontrar trayectorias que se iniciaron desde la cuna. Pero no todas las sagas familiares logran sobrevivir con la coherencia y la fuerza con la que lo han hecho estos cinco nombres propios.

José Moro, Cepa 21

La historia de José Moro y su pasión por la viticultura se remonta a tres generaciones. Su abuelo, Emilio Moro, nacido en 1891, y su padre, también Emilio Moro, nacido en 1932, crecieron en un entorno vitivinícola, rodeados de viñedos y dedicados al cultivo con esfuerzo y dedicación añada tras añada. 

La bodega familiar del mismo nombre la regenta ahora su hermano Javier, pero estas raíces son las que conectan a José Moro con su tierra y su gran pasión: el vino. El legado que recibió de su padre y abuelo ha sido la base de un profundo conocimiento, respeto por el entorno y una pasión que se refleja en cada acción y en cada vino de Bodegas Cepa 21, su proyecto personal.

Desde sus comienzos, el actual presidente de Bodegas Cepa 21 ha imprimido todo su conocimiento y pasión en lo que comenzó casi como una aventura personal y hoy es un exitoso proyecto de gran envergadura empresarial. José Moro, primer bodeguero de la historia en entrar en la lista Forbes España de los 100 empresarios líderes en innovación, es, ante todo, un trabajador incansable. 

Premio Ponce de León al Ejecutivo del Año 2020 otorgado por la Cámara de Comercio de EE.UU y Medalla de Oro Europea al Mérito en el Trabajo 2021 otorgada por la Asociación Europea de Economía y Competitividad, coloca en el centro de todos sus logros el esfuerzo y la importancia de rodearse de un equipo ganador y de confianza, que disfruta cada día con algo que, más que una profesión, es una manera de vivir.

Javier Moro y Patricia Sánchez Moro

Javier Moro y Patricia Sánchez Moro

Javier Moro, Emilio Moro

Responsable de la gestión de Bodegas Emilio Moro por decisión de la mayoría del consejo familiar desde 2021, Javier Moro continúa operando con la segunda generación de la familia al frente en la figura de su sobrina Patricia, centrada en preservar la herencia y el estilo de siempre. Lo ha hecho apostando por una viticultura sostenible, evitando herbicidas y apostando por técnicas respetuosas con el entorno. También ha invertido en I+D+i, buscando métodos de cultivo y vinificación que minimicen la huella ambiental.

La familia Moro representa uno de los casos más emblemáticos del vino español contemporáneo. Su historia combina el apego al territorio con una proyección internacional que ha llevado a los vinos de Pesquera a los mejores restaurantes y tiendas del mundo. A pesar de las divisiones internas, hoy el apellido Moro brilla en dos proyectos distintos —Emilio Moro y Cepa 21—, que, aunque separados, comparten raíces, filosofía y excelencia.

Ambas ramas de la saga siguen escribiendo su historia, en paralelo, con estilos distintos pero con un mismo origen: una viña familiar en la Ribera del Duero que, desde hace más de un siglo, produce algunos de los vinos más prestigiosos de España.

Pelayo de la Mata

Pelayo de la Mata© Alvaro Felgueroso Lobo

Pelayo de la Mata, Marqués de Vargas

La historia de Bodegas y Viñedos del Marqués de Vargas se remonta al año 1840, cuando don Felipe de la Mata plantó las primeras viñas en la Hacienda Pradolagar. Fue el inicio de una saga de cuatro generaciones dedicadas a la elaboración de excelentes vinos en la región de La Rioja. En 1989, Pelayo de la Mata, XIII Marqués de Vargas y IX Conde de San Cristóbal, construyó la actual bodega Marqués de Vargas y después de una década decidió expandirse a otras Denominaciones de Origen de prestigio en España como Ribera del Duero y Rías Baixas.

Al frente de un proyecto familiar consolidado y reconocido dentro y fuera de España, Pelayo mantiene una implicación activa como presidente del grupo vinícola. La producción limitada, el respeto al viñedo y la elaboración exclusiva con uvas propias definen el estilo de unas bodegas que han logrado posicionarse entre los referentes del vino español de alta gama. En 2025, la familia De la Mata recibió el Premio Familia Empresaria del Año, un reconocimiento a una trayectoria que une empresa, legado y vocación.

Carolina Inaraja

Carolina Inaraja

Carolina Inaraja, Monte la Reina

Carolina Inaraja representa una nueva manera de entender el vino en la D.O. Toro. Aunque no proviene de una saga bodeguera, su vínculo con la tierra viene de lejos: su familia ha estado ligada al campo desde hace décadas y la finca Monte la Reina, en la que hoy dirige la bodega, lleva más de 38 años en manos de los Inaraja. Fue su padre quien dio el primer paso hacia la elaboración, pero ha sido Carolina quien ha transformado ese impulso inicial en un proyecto sólido y ambicioso. 

Desde 2012 está al frente de la bodega, después de haberse formado en todas las áreas del negocio: vendimia, embotellado, administración y comercial. Bajo su dirección, Monte la Reina se ha convertido en una de las bodegas más dinámicas de la zona, pionera en la elaboración de blancos como el Verdejo Fermentado en Barrica o el atrevido Salvaje, un chardonnay que rompe moldes en una región marcada por la tinta de Toro.

Actualmente, la bodega exporta a más de 30 países y produce un millón de botellas anuales. Carolina lidera uno de los proyectos más disruptivos de la zona que introduce nuevas variedades, rediseña las etiquetas, desafía los convencionalismos y posiciona a Toro en escenarios donde antes no estaba. Su perfil no encaja en la idea tradicional de viticultora, y eso precisamente es lo que la hace relevante.

Roc y Leo Gramona

Roc y Leo Gramona

Roc Gramona

Roc Gramona pertenece a la sexta generación de una de las familias con más trayectoria en la elaboración de espumosos en Cataluña. Su apellido va ligado desde hace más de 130 años a la crianza del cava en Sant Sadurní d’Anoia, y su incorporación al proyecto familiar marca el relevo de una nueva generación que asume responsabilidades con discreción y solvencia. Su formación ha pasado por el trabajo en viñedo, la gestión de bodega y una visión más técnica que emocional, aunque no por ello menos comprometida.

Impulsor de prácticas sostenibles y defensor de la viticultura biodinámica que su familia adoptó hace más de una década, Roc trabaja codo con codo con su padre, Jaume, y su hermano Leo en una de las etapas más definitorias de la historia de Gramona: consolidar su identidad como espumoso de guarda fuera de la D.O. Cava, ahora bajo el sello Corpinnat.

María José López de Heredia

María José López de Heredia

María José López de Heredia

María José López de Heredia es hoy una de las principales responsables del legado centenario de las Bodegas López de Heredia. Esta bodega familiar, fundada en 1877 en el histórico Barrio de la Estación de Haro —hoy reconocida como uno de los centros clave del enoturismo en Rioja Alta—, sigue siendo dirigida por la cuarta generación de la saga, en la que María José ejerce un papel destacado junto a sus hermanos.

Conocida por su energía inagotable y su firme defensa de métodos tradicionales, María José mantiene el rumbo marcado por su padre, Pedro, fallecido en 2013, y su bisabuelo, Rafael, quien levantó las bodegas originarias. Es habitual verla liderar visitas y ferias, donde rechaza modas pasajeras y enfatiza el trabajo riguroso en viñedo: sus blancos Viña Gravonia y rojos Viña Tondonia son ejemplos reconocidos por su longevidad y fidelidad a la cepa.

Xulia Bandé, vinos de autora

Xulia Bandé, vinos de autora

Xulia Bande vinos de autora

En Leiro, una aldea en pleno corazón del Ribeiro en Ourense, hay una bodega pequeña aunque de corazón muy grande: Xulia Bande, vinos de autora. Su casa se quemó o por completo en 2012 y con ella, las fotos y los recuerdos de su historia en las viñas de joven.

Para Xulia hacer vino es como componer una canción, por eso escogió "Son" que en gallego significa sonido y ser. Sus vinos son: Son de Arriero, Añadas, XB y Argallada.

Cuando ella decidió empezar su propia bodega, cambió la carrera musical por las viñas, así nació su primer vino: Son de Arriero, un homenaje a su abuelo arriero. Los arrieros son el nombre que se les daba a los agricultores que llevaban vinos del Ribeiro en burro o caballo a otras zonas de Galicia las primeras décadas del siglo XX.

Hay mucho que contar sobre Xulia como que además de hacer su vino ella dirigió durante más de 35 años su propia empresa de soluciones agrícolas para dar servicios a los Viñedos del Ribeiro, se puede decir que Xulia ha plantado el 80% de las hectáreas de vinedo de esta denominación de origen. Si preguntas por ella en el Ribeiro todo el mundo la conoce, una gran “colleiteira” palabra en gallego para referirse a los artesanos del vino.

Guillermo Penso, Bodega Otazu

Guillermo Penso, Bodega Otazu

Guillermo Penso, Otazu

Al frente de uno de los proyectos más singulares del vino navarro se encuentra Guillermo Penso, presidente de Otazu, una finca con siglos de historia que ha experimentado en las últimas décadas un renacer espectacular bajo el impulso de una familia profundamente comprometida con el arte, el paisaje y la excelencia vinícola.

Otazu no es una bodega al uso: ubicada a solo ocho kilómetros de Pamplona, es la viña más septentrional de España con D.O. Pago, la máxima categoría de calidad del vino español. La finca, que ya elaboraba vino en el siglo XIX, fue adquirida en los años noventa por la familia Penso y transformada en una bodega de referencia internacional, donde confluyen arquitectura, vanguardia y una viticultura precisa y exigente.

Guillermo, hijo del propietario y parte esencial del proyecto desde sus inicios, ha desarrollado una forma de entender el vino que combina el respeto absoluto por el viñedo con un discurso técnico sofisticado y una gran sensibilidad artística. Bajo su supervisión nacen etiquetas como Pago de Otazu, Altar o el exclusivo Vitral, todos ellos elaborados únicamente con uva propia, algo inusual en la zona.

Pero más allá del vino, Otazu es también una Fundación de Arte Contemporáneo que dirige Guillermo, con obras de artistas como Ai Weiwei, Anish Kapoor o Jaume Plensa integradas en el paisaje. Esa fusión entre cultura y viticultura es parte del legado que Guillermo y su familia quieren dejar: una forma integral de vivir el vino, donde cada botella cuenta una historia de lugar, tiempo y sensibilidad.

En una tierra tradicionalmente más asociada a vinos jóvenes y cooperativos, Otazu ha roto esquemas y ha llevado a Navarra al mapa internacional de los grandes vinos de autor. Y lo ha hecho con la discreción y el rigor de una saga familiar que entiende que el lujo verdadero se construye con tiempo, coherencia y pasión.

Estas grandes sagas bodegueras han sido mucho más que elaboradoras de vino: han sido guardianas de la cultura, la historia y la identidad del vino español. Algunas han apostado por la internacionalización, otras han defendido con uñas y dientes la autenticidad de su terruño, pero todas comparten una misma pasión transmitida de generación en generación.

El futuro del vino español sigue en manos de estas familias, que combinan la sabiduría heredada con la innovación necesaria para conquistar nuevos mercados y paladares. Son, en definitiva, el alma del vino de España.

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