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Qué significa que te moleste que alguien mastique a tu lado, según una bióloga

La bióloga Laura Pinillas explica por qué sonidos como masticar pueden desencadenar una respuesta de rechazo extremo y qué dice la ciencia sobre la misofonía

Laura Pinillas, bióloga, durante uno de sus videos divulgativos sobre misofonía.

Laura Pinillas, bióloga, durante uno de sus videos divulgativos sobre misofonía.@celulau.bio

Patricia de la Torre
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Si te enfadas a menudo, puede que tenga más que ver con lo que comes de lo que crees, según la psicología. Pero a veces, la rabia no se dispara por lo que ingieres, sino por lo que escuchas. Estás en una comida tranquila, alguien a tu lado empieza a masticar ruidosamente, y de pronto sientes un estallido de incomodidad, ansiedad o una necesidad imperiosa de salir corriendo. No es solo molestia, no es manía ni falta de tolerancia. Según explica la bióloga Laura Pinillas en un video divulgativo publicado en su cuenta de Instagram @celulau.bio, donde aborda temas de neurociencia cotidiana, lo que te sucede podría tener un nombre: misofonía

La explicación científica detrás de la misofonía según Laura Pinillas

La misofonía es una condición neurosensorial que genera una reacción emocional intensa y desproporcionada ante sonidos cotidianos, especialmente aquellos que provienen de otros seres humanos y se repiten de forma constante. Masticar, sorber, tragar saliva, hacer clic con un bolígrafo o incluso respirar fuerte puede desencadenar una respuesta cerebral similar a la que se produce ante una amenaza real. Pinillas explica que no se trata simplemente de fastidio o de "mal carácter", sino de una conexión anómala entre la corteza auditiva (donde se procesan los sonidos) y la ínsula anterior, una zona del cerebro relacionada con el malestar físico y la regulación emocional. Cuando ese sonido entra en el cerebro de una persona con misofonía, la reacción es automática, inmediata y profundamente desagradable.

Aunque no está reconocida formalmente en los principales manuales diagnósticos, la misofonía ha sido estudiada con creciente interés por la neurociencia en los últimos años. Las pruebas clínicas demuestran que quienes la padecen no solo perciben los sonidos de forma diferente, sino que su cerebro los interpreta como perturbadores a un nivel visceral. No es que les parezca molesto, sienten repulsión, ansiedad y a menudo una necesidad urgente de evitar la fuente del sonido. Pinillas insiste en que esta experiencia tiene consecuencias reales en la vida cotidiana, desde la incomodidad en reuniones o comidas familiares hasta el deterioro de relaciones personales y laborales.

La ciencia aún no ha determinado una causa única para esta condición. Se barajan factores como la hipersensibilidad sensorial, una predisposición genética o experiencias negativas previas relacionadas con ciertos sonidos. Y aunque no existe una cura definitiva, sí hay formas de mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. Desde el uso de auriculares con cancelación de ruido hasta entrenamientos auditivos específicos y terapias psicológicas enfocadas en la gestión emocional.

La bióloga aclara que comprender la misofonía es el primer paso para convivir con ella y, sobre todo, para tratarla con empatía. "No es que me apetece quejarme y me voy a quejar", dice con ironía Pinillas. "Es una reacción neuropsicológica que afecta profundamente el día a día". Y lo más revelador es que muchas personas viven esto en silencio, sin saber que tiene nombre ni que la ciencia ya está empezando a darle respuestas.

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