ESdiario

El boom de los calendarios de Adviento: ¿tradición o puro marketing navideño?

Como periodista y amante de la Navidad, confieso que el furor por los calendarios de Adviento me desconcierta: tanta estrategia de marca ha apagado su magia original

El calendario de Adviento Sephora Favorites 2025, valorado en 551 €, se vende por 159 € y reúne productos de culto en formato sorpresa, aunque con un enfoque marcadamente comercial.

El calendario de Adviento Sephora Favorites 2025, valorado en 551 €, se vende por 159 € y reúne productos de culto en formato sorpresa, aunque con un enfoque marcadamente comercial.Sephora

Patricia de la Torre
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Desde mi punto de vista, el auge de los calendarios de Adviento —esa cuenta atrás para Navidad que antaño tenía encanto y sencillez— se ha convertido en un fenómeno que me cuesta comprender del todo. Recuerdo la emoción de abrir cada día una ventana con un pequeño chocolate, un detalle sencillo, y sentir que participaba de una tradición navideña más que de una campaña de ventas. Hoy, con la avalancha de lanzamientos de marcas de belleza, moda, tecnología, gastronomía, el calendario de Adviento ya no es sólo una sorpresa para nosotros, sino una herramienta de branding bajo luces de neón.

¿Qué le pasa al calendario de Adviento del mercado actual?

El llamado calendario de Adviento se ha reinventado casi como un producto de culto. En su origen, como bien señalan historiadores, el calendario de Adviento nació en la tradición protestante alemana como una forma de marcar la llegada de la Navidad con sencillez e intimidad.

Pero las marcas se han subido al carro y hoy van desde velas, cervezas o juguetes sexuales hasta cosméticos de lujo.

Cuando veo la variedad de calendarios de belleza de 2025 (marcas como Charlotte Tilbury, Fenty Beauty, Dior), y sus precios, pienso: "¿de verdad es sólo para abrir una cajita al día?".

Si cada marca lanza su calendario exclusivo, edición limitada, cuenta atrás de "24 días de sorpresas", estamos ante algo que parece diseñado para ser visto y comprado más que vivido. Y eso me genera cierta tensión. Porque lo que me gustaba de la tradición era justamente su discreta emoción.

¿Por qué siento que el 'boom' le está restando encanto?

El calendario de Adviento ha perdido parte de su encanto original con tanto hype. La ilusión de abrir cada día algo desconocido se desvanece cuando cada cajita esconde un best seller que ya he visto mil veces en redes y que, probablemente, llevaba semanas deseando. Esa sorpresa tan planificada le quita magia al momento. Lo que antes vivía como un ritual íntimo de diciembre, ahora lo siento más como una estrategia de marketing que empieza en octubre, donde el protagonismo lo tiene la marca, no la tradición. Y cuando todo el mundo tiene uno y todos lo muestran, deja de ser especial.

Para ser honesta, yo prefiero que el regalo del día sea algo que me conecte con una emoción real. Esto no significa que los calendarios de Adviento no tengan valor alguno. Todo lo contrario. Pueden ser preciosos y un regalo fantástico. Pero desde mi punto de vista, algo se ha perdido. Y no es lo mismo.

¿Qué sugeriría si fuéramos a recuperar esa magia?

Si yo fuera a escoger un calendario de Adviento este año (y créeme, lo estoy valorando), lo haría con un criterio diferente. Me plantearía la idea de hacerlo artesanal, más personal, un pequeño calendario con momentos, gestos, quizá experiencias, en lugar de productos que ya tenía en lista de espera.

tracking