Carlos Álvaro, experto en conservas, sobre la lata de anchoas de Santoña con mantequilla pasiega: "Es una obra maestra"
Una tostada, una lata de Conservas Catalina y mantequilla pasiega bastaron para que Carlos Álvaro convirtiera su Nochevieja en una experiencia sensorial (y pecaminosa)
Anchoas sobre pan y mantequilla pasiega, el ritual que Carlos Álvaro convirtió en un homenaje a la gula.
No es una exageración. Es una declaración de amor en formato conserva. Carlos Álvaro, más conocido como El Catalatas, lo dice claro y sin pudor: las anchoas de Conservas Catalina con mantequilla pasiega "están para untárselas por todo el cuerpo". Y aunque la frase suene hiperbólica, cualquiera que haya probado esta lata sabe que no hay metáfora suficiente para describir lo que se siente al darle el primer bocado.
Probó la combinación en Nochevieja. Y se enamoró.
Carlos Álvaro y las anchoas con mantequilla: un pecado (gastronómico) capital
"Queridos lateros", comienza diciendo en el vídeo que ha revolucionado el Instagram gourmet, "estas anchoas representan varios de los pecados: la gula, por supuesto, pero también la lujuria." Y lo demuestra paso a paso.
Primero, una tostada caliente. Encima, parte de la mantequilla pasiega para que se derrita al contacto. Después, las anchoas de Conservas Catalina, alineadas con precisión monacal. Y para terminar, el resto de la mantequilla, fundida y envolvente, sobre los filetes. El resultado es un bocado obsceno, redondo, brillante. "Estoy recordándolo y me muero de hambre. Babeo", confiesa Carlos. Y con razón.
Salud
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Patricia de la Torre
Conservas Catalina y la mantequilla pasiega: cuando el norte lo hace todo bien
No es casualidad. Conservas Catalina, en Santoña, es sinónimo de artesanía del Cantábrico. Sus anchoas, limpias a mano, curadas con esmero, ofrecen una textura impecable y un sabor profundo que no se desvanece. La mantequilla, por su parte, procede del corazón de los Valles Pasiegos, y aporta esa untuosidad que convierte la experiencia en algo más que gourmet: casi religioso.
Carlos Álvaro las descubrió por 21 euros. Una inversión que él mismo describe como "una obra maestra".
No se trata de coleccionar latas por postureo, sino de rendirse ante combinaciones tan brutales como esta. Porque cuando la calidad se une con la técnica, el resultado no es solo un plato: es una revelación.