Hablamos con Carlos Álvaro (@el_catalatas), el experto que está cambiando la forma de comprar latas de conservas
Por qué elegir bien una lata no es postureo, sino conocimiento
El experto en conservas posa con una lata gourmet de bonito del norte Solano-Arriola
Durante años, las latas de conservas han vivido en una especie de limbo gastronómico. Siempre presentes en la despensa, pero rara vez en el centro de la conversación. O eran un recurso de emergencia o un producto gourmet reservado para ocasiones especiales. Entre medias, poco criterio y muchos prejuicios. Hasta que voces como la de Carlos Álvaro han empezado a poner orden en el lineal del supermercado y, sobre todo, en la cabeza del consumidor.
Carlos no se define como influencer, ni pretende serlo. Su discurso va por otro camino: el de la experiencia, la comparación y la pedagogía. Desde sus redes sociales ha conseguido algo poco habitual en el mundo digital: que miles de personas se detengan a pensar antes de coger una lata por impulso. No para gastar más, sino para comprar mejor.
En conversación con él, esa idea se repite constantemente. Carlos habla despacio, argumenta y contextualiza. Cuenta, incluso, que antes de crear su conocida cuenta dedicada a las conservas (@el_catalatas) llegó a plantearse un proyecto muy distinto: uno centrado en el whisky, otra de sus grandes pasiones. Coleccionista confeso, entendió pronto que aplicar ese mismo enfoque divulgativo a las latas de conservas era más accesible y, sobre todo, más útil para el consumidor. El resultado es una manera distinta de mirar la despensa, basada no en el precio, sino en el conocimiento.
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Carlos Álvaro y las latas de conservas: cuando el problema no es el precio
Para Carlos, el gran error que cometemos al comprar latas de conservas no tiene tanto que ver con el dinero como con el desconocimiento. La mayoría de consumidores elige de forma automática la opción más barata sin preguntarse qué hay detrás de ese precio. Como comenta al hablar de lo que observa habitualmente en el supermercado, "veo que la gente va y coge la más barata". Y ahí es donde empieza el problema.
Explica que entre dos latas aparentemente similares puede haber diferencias abismales "especies diferentes, de procedencias diferentes, de tratamientos industriales o artesanos...", factores que cambian por completo el resultado final.
Para él, el problema no está en que una lata sea más cara que otra, sino en que el consumidor no entiende qué hay detrás de ese precio ni qué está pagando realmente cuando elige una conserva.
Su forma de explicarlo es tan sencilla como efectiva: "la mejor manera de que lo entiendan es poniéndole el bueno y el malo", explica.
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Comprar latas de conservas con criterio también es cultura gastronómica
Uno de los grandes aciertos del discurso de Carlos Álvaro es haber sacado a las conservas del terreno del esnobismo. No habla de ellas como un lujo inaccesible, sino como un producto cotidiano que merece el mismo respeto que cualquier otro alimento.
Desde su discurso se desprende que educar el paladar no tiene que ver con el elitismo, sino con aprender a consumir con más criterio. Igual que ocurre con otros productos cotidianos, como el vino o el aceite, defiende la importancia de saber reconocer cuándo una conserva está bien hecha. Y eso, asegura, empieza por perder el miedo a comparar y a cuestionar lo que damos por hecho. "Lo que falta es experiencia, básicamente", resume, convencido de que el paladar también se educa.
En su opinión, muchas personas dicen que no les gustan las conservas cuando en realidad nunca han probado una buena.
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El auge del experto frente al influencer
El éxito de Carlos Álvaro también dice mucho del momento que atraviesan las redes sociales. Frente a perfiles basados en la imagen y el postureo, cada vez ganan más peso las voces expertas que aportan contexto y conocimiento real. Él mismo reconoce que "afortunadamente he llegado a un nivel de seguidores que ya tengo bastantes", algo que asume más como una responsabilidad que como un fin en sí mismo.
Desde esa posición, él ha sido especialmente cuidadoso con su independencia. "Yo digo la verdad siempre", afirma, dejando claro cuando habla de su relación con marcas y colaboraciones. Para él, la credibilidad es el único capital que no se puede perder. "Yo soy mi propio juez", afirma, una forma de entender la divulgación basada en la coherencia y no en el impacto inmediato.
Catas, divulgación y una nueva forma de mirar la despensa
Más allá de las redes, Carlos ha empezado a trasladar su filosofía al terreno físico a través de catas de conservas con un enfoque pedagógico. No busca deslumbrar con productos excepcionales, sino enseñar a distinguir lo bueno de lo malo. Entender el porqué del precio, del sabor y de la textura.
Su objetivo final es sencillo y ambicioso a la vez: que la próxima vez que alguien se plante frente al estante de latas de conservas no compre por inercia, sino con criterio. Que sepa lo que está eligiendo y por qué. Porque, como defiende, una despensa bien pensada no tiene que ver con gastar más, sino con saber mejor.