Artemis II despega a la Luna… con avería en su retrete de 23 millones de dólares
La histórica misión de la NASA devuelve al hombre al entorno lunar por primera vez desde 1972, en un viaje clave para preparar el regreso a la superficie del satélite… con un imprevisto técnico tan cotidiano como inesperado

El Artemis II despegando de Cabo Cañaveral
La misión Artemis II ha iniciado con éxito su viaje de diez días alrededor de la Luna tras despegar desde el Centro Espacial Kennedy, marcando el regreso de astronautas al entorno lunar por primera vez en más de medio siglo. Apenas diez minutos después del lanzamiento, la nave alcanzó la órbita terrestre, primer paso de una travesía que llevará a la tripulación a más de 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra.
A bordo viajan los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen, representante de la Canadian Space Agency. Durante las primeras 24 horas, la tripulación permanece en órbita terrestre verificando sistemas críticos antes de emprender la trayectoria que rodeará el satélite natural sin necesidad de propulsión adicional gracias al efecto gravitatorio.
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Elena Bellver
La nave Orion incorpora tecnología diseñada para garantizar la supervivencia de los astronautas en el espacio exterior, con sistemas avanzados de soporte vital, suministro de oxígeno, agua potable y capacidad para mantener la actividad física durante la misión. El proyecto cuenta además con participación española, incluida la colaboración de la European Space Agency en el módulo de servicio.
Si el plan se desarrolla según lo previsto, los astronautas alcanzarán el lado oculto de la Luna el próximo 6 de abril, convirtiéndose en los primeros humanos en observar esa región desde las misiones Apolo. Entre los hitos previstos destaca también el papel de Christina Koch, que será la primera mujer en contemplar directamente esa zona del satélite.
Sin embargo, incluso una misión diseñada al milímetro puede verse sorprendida por imprevistos mucho más terrenales. A las pocas horas del despegue, el sistema Universal de Gestión de Residuos de la nave —el primer retrete plenamente funcional en una misión lunar— registró una alerta técnica que obligó a la tripulación a coordinarse con el centro de control en Houston para restablecer su funcionamiento.
El incidente fue detectado a través de una luz de advertencia intermitente en el controlador del inodoro, un dispositivo valorado en unos 23 millones de dólares y diseñado para funcionar mediante succión en condiciones de microgravedad. El sistema, más compacto y eficiente que los utilizados en programas anteriores, representa un avance significativo respecto a las misiones Apolo, cuando los astronautas debían utilizar bolsas especiales para gestionar los residuos durante el viaje.
El contratiempo fue resuelto tras varias horas de trabajo conjunto entre los astronautas y los ingenieros de la NASA, permitiendo que la misión continuara según lo previsto. Una anécdota tecnológica que recuerda que, incluso en una expedición que aspira a establecer bases permanentes en la Luna y preparar el salto a Marte, los desafíos más complejos pueden aparecer en los lugares más inesperados.