ESdiario

Llegó el Domingo de Resurrección: el día en que vuelve a los ruedos Morante

La Maestranza se viste de solemnidad para recibir al genio de La Puebla del Río, que regresa al toreo tras cortarse la coleta en Las Ventas, en un cartel de máxima expectación junto a Roca Rey y David de Miranda con toros de Garcigrande

Morante de la Puebla regresa y lo hace en La Maestranza

Morante de la Puebla regresa y lo hace en La MaestranzaJoaquin Corchero

Miguel Queipo
Publicado por
Miguel Queipo de Llano

Creado:

Actualizado:

Y lloraban los capotes. Se afligían las muletas, se doblaban las banderillas, se escondían los estoques, las monteras no querían mirar. Cuando el 12 de octubre, en la Plaza de Toros de Las Ventas, Morante de la Puebla decidió cortarse la coleta tras desorejar a Tripulante, cinqueño de Garcigrande, la tauromaquia sintió que se apagaba una de sus últimas luces románticas y de uno de los mejores matadores de toros de todos los tiempos. El arte de Cúchares quedaba huérfano de uno de sus últimos sacerdotes. Pero el toreo, como la fe, conoce de silencios y de milagros. Y este Domingo de Resurrección, a las 18:30 horas, el albero del coso recibe el regreso del torero que convirtió cada tarde en un acto litúrgico.

La expectación ha sido desbordante. Sevilla vuelve a latir al compás de un nombre propio. Porque Morante no regresa solo a un ruedo, regresa a un tiempo donde el toreo se mide en emoción y estética, donde el compás vale más que la velocidad y donde el silencio pesa tanto como la música. En la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, su plaza, su refugio, el diestro vuelve a vestir de oro la nostalgia de toda una afición que nunca aceptó su adiós definitivo.

Comparte cartel con dos figuras de peso: Andrés Roca Rey, torero de masas y dominio incontestable, protagonista de un Goya al mejor documentaly David de Miranda, sevillano de expresión profunda. Frente a ellos, nuevamente, toros de Garcigrande, la misma ganadería que marcó el último paseíllo del maestro en Madrid. El círculo parece cerrarse con una precisión casi poética.

El regreso del toreo eterno

Morante nunca se fue del todo. Permaneció en la conversación de los aficionados, en la memoria de una verónica interminable, en la media eterna que parecía detener el tiempo. “Yo no hago eventos, defiendo la liturgia de la corrida de toros”, ha repetido el torero estos últimos días, reivindicando el carácter ritual de una profesión que para él siempre fue arte antes que espectáculo.

Su vuelta coincide con un momento en el que la Fiesta resurge. Tras años de dudas, debates y crisis de identidad, la tauromaquia vuelve a sentirse viva, más aún con la reaparición del torero que mejor ha interpretado su dimensión estética en el siglo XXI. Porque Morante no torea solo toros: torea emociones, recuerdos y silencios.

Dicen los aficionados que hay toreros buenos, toreros grandes y toreros necesarios. Morante pertenece a esa estirpe escasa que convierte cada tarde en un acontecimiento irrepetible. Su concepto lento, su manejo de la liturgia de todas las suertes y lances, su cadencia antigua, su desprecio por la vulgaridad lo sitúan en la genealogía de los elegidos. Si no es el más grande, se le tiene que parecer mucho.

Hoy Sevilla no solo abre su temporada grande. Hoy vuelve una forma de entender el toreo. Hoy vuelve la emoción que no se puede medir en trofeos. Hoy vuelve Morante. Y cuando vuelve Morante, vuelve el misterio. Y cuando vuelve el misterio, el toreo emerge con fuerza. Es Domingo de Resurrección. Vuelve Morante. Al fin.

tracking