Chernóbil, 40 años después: el día en que una prueba acabó en el mayor desastre nuclear de la historia
Suecia detectó niveles anómalos días después, revelando al exterior la magnitud real del accidente nuclear soviético

Imagen de Prípiat.
Este domingo se cumplen 40 años del accidente en la central nuclear de Chernóbil, situada a apenas tres kilómetros de la ciudad de Prípiat, en la actual Ucrania. El 26 de abril de 1986, una secuencia de fallos durante una prueba de seguridad desencadenó uno de los desastres nucleares más graves registrados hasta la fecha.
Lo que debía ser un procedimiento técnico de corta duración, un cierre programado del sistema de la central durante unos 20 segundos, derivó en una situación completamente inesperada. Siete segundos después del inicio de la prueba se produjo un aumento de tensión que acabó provocando una explosión química. El suceso liberó a la atmósfera cerca de 520 radionucleidos nocivos, cuya dispersión se extendió rápidamente por amplias zonas de la entonces Unión Soviética, alcanzando territorios que hoy corresponden a Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
Según los informes oficiales, 31 personas murieron de forma inmediata a consecuencia del accidente. Además, unas 600.000 personas -conocidas como 'liquidadores'- participaron en las labores de extinción del incendio y limpieza de la zona, expuestas a elevados niveles de radiación durante las operaciones.
Las estimaciones también apuntan a que alrededor de 8,4 millones de personas en Bielorrusia, Ucrania y Rusia estuvieron expuestas a distintos niveles de radiación, una cifra superior a la población actual de países como Austria. En total, unos 150.000 kilómetros cuadrados de territorio quedaron contaminados, una superficie cercana a la mitad de Italia.
En el ámbito agrícola, aproximadamente 52.000 kilómetros cuadrados de tierras fueron afectados por radionucleidos como el cesio-137 y el estroncio-90, ambos con periodos de semidesintegración de varias décadas.
La magnitud del impacto obligó al reasentamiento de cerca de 404.000 personas. Sin embargo, millones de habitantes continuaron viviendo en zonas con niveles de exposición residual, con efectos que han sido objeto de seguimiento durante décadas.
La información tardía
Durante los primeros días tras la explosión, la información oficial sobre lo ocurrido no se hizo pública de forma inmediata. No fue hasta tres días después cuando Suecia detectó niveles anómalos de radiación en su territorio y difundió mapas que evidenciaban una dispersión radiactiva en Europa en función de la dirección del viento. Ese aviso fue el primer indicio externo que permitió identificar que se había producido un accidente nuclear en la Unión Soviética.
Mientras tanto, las autoridades soviéticas ya habían activado operaciones de emergencia en la zona, aunque sin comunicar de manera completa la magnitud del incidente en sus primeras fases. En ese contexto, no se ofrecieron de forma inmediata respuestas claras a la población sobre cuestiones básicas como la seguridad para salir de los hogares, el consumo de agua o la ingesta de alimentos locales.
Informes posteriores han señalado que una comunicación más temprana de las medidas de protección habría podido reducir la exposición a determinados radionucleidos, entre ellos el yodo-131, asociado a riesgos para la tiroides, especialmente en los primeros días posteriores a la liberación.
Durante los primeros años tras el accidente, la gestión de las consecuencias se abordó principalmente a nivel nacional dentro de la Unión Soviética. Paralelamente, organismos internacionales como Naciones Unidas comenzaron a desarrollar iniciativas de apoyo, centradas en la evaluación de la seguridad nuclear, el estado del medio ambiente y la atención sanitaria de las poblaciones afectadas.
También se pusieron en marcha programas de información y formación para la población local, orientados a reducir la exposición a radionucleidos presentes en el entorno y en los productos agrícolas.
En 1990, el gobierno soviético reconoció la necesidad de cooperación internacional, lo que llevó a la Asamblea General de la ONU a aprobar una resolución para coordinar esfuerzos globales en la mitigación de las consecuencias del accidente. A partir de ese momento se estructuró un mecanismo formal de cooperación con equipos interinstitucionales.
Desde entonces, Naciones Unidas, junto con organizaciones no gubernamentales y fundaciones, ha impulsado más de 230 proyectos en ámbitos como la salud, la seguridad nuclear, la rehabilitación ambiental, la recuperación económica y el apoyo psicosocial.
En 2002, la estrategia internacional evolucionó hacia un enfoque de desarrollo a largo plazo, integrando la recuperación de la zona en planes nacionales de sostenibilidad.
Un legado que perdura
En 2016, la Asamblea General de la ONU designó el 26 de abril como Día Internacional de Recuerdo del Desastre de Chernóbil, subrayando que, incluso décadas después, las consecuencias del accidente continúan presentes en las comunidades afectadas.
Uno de los hitos más recientes del proceso de contención se produjo en 2019, con la finalización de la instalación del nuevo confinamiento seguro sobre el antiguo sarcófago del reactor. La infraestructura, financiada con más de 4.500 millones de euros aportados por más de 45 países a través del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, fue entregada al Gobierno de Ucrania el 10 de julio de 2019.