La tiara rusa de la duquesa de Alba, vendida en EE. UU. por 2 millones de dólares: la historia detrás de esta joya
Una de las joyas más emblemáticas de la Casa de Alba ha reaparecido tras más de tres décadas desaparecida. Detrás de su brillo de diamantes hay una historia inesperada que conecta alta aristocracia, deporte olímpico y un gesto materno que todavía hoy sigue dando que hablar.

Cayetana de Alba.
La historia de una de las joyas más célebres de la Casa de Alba ha vuelto a ocupar titulares internacionales. La conocida como “tiara rusa”, una diadema de platino y diamantes vinculada durante décadas a Cayetana Fitz-James Stuart, ha sido vendida recientemente en Estados Unidos por alrededor de dos millones de dólares (unos 1,7 millones de euros), tras más de treinta años fuera del circuito público.
La operación ha sido gestionada por la galería M.S. Rau, con sede en Nueva Orleans, y ha tenido como resultado la reaparición de una pieza que durante años fue símbolo del refinamiento y el patrimonio histórico de la aristocracia española. Su comprador, por ahora anónimo, se ha hecho con una joya de enorme valor económico, pero también con una intensa carga sentimental e histórica.
Una joya de inspiración imperial rusa
La tiara recibe su nombre por su diseño inspirado en los kokoshnik, los tradicionales tocados de la aristocracia rusa. Creada a comienzos del siglo XX, pertenece al estilo eduardiano y destaca por sus formas geométricas, su estructura ligera y el uso abundante de diamantes montados sobre platino, un material muy apreciado en la alta joyería de la época.
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Durante décadas, la pieza fue una de las más representativas del joyero personal de la duquesa de Alba. Incluso llegó a exhibirse en instituciones de prestigio internacional como el Victoria & Albert Museum de Londres, dentro de muestras dedicadas a las grandes tiaras europeas.
La tiara llegó a Cayetana Fitz-James Stuart por herencia materna, procedente de su abuela María del Rosario de Gurtubay. A lo largo del tiempo, fue utilizada en distintos eventos familiares de alto perfil, incluida la boda de su nuera María de Hohenlohe-Langenburg con Alfonso Martínez de Irujo, así como el enlace de Matilde Solís con Carlos Fitz-James Stuart, actual duque de Alba.
Sin embargo, su historia también estuvo marcada por tensiones familiares recogidas por la propia Cayetana en sus memorias, donde relataba algunos episodios relacionados con su uso dentro del entorno familiar.
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Más allá del brillo y la exclusividad de la joya, el capítulo más comentado de su historia está ligado a una decisión personal de la propia duquesa. En los años noventa, Cayetana decidió vender la tiara para apoyar la carrera ecuestre de su hijo Cayetano Martínez de Irujo.
Tal y como ella misma explicó en sus memorias Yo, Cayetana, el dinero obtenido se destinó a la compra del caballo Gigoló, pieza clave en la trayectoria deportiva de su hijo, que más tarde llegaría a competir en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, donde el equipo español de hípica logró un destacado cuarto puesto.

Tiara rusa de Cayetana.
Tras su venta y desaparición del radar público durante décadas, la tiara rusa ha vuelto a emerger en el mercado internacional, reabriendo el interés por una de las piezas más icónicas del patrimonio de la Casa de Alba.
Su reaparición no solo confirma el alto valor de la alta joyería histórica europea, sino que también rescata una historia íntima en la que se mezclan tradición aristocrática, decisiones personales y el legado de una de las figuras más mediáticas de la nobleza española del siglo XX.