Los duques de Cayetana de Alba (II): Jesús Aguirre, el 'cura rojo' que sorprendió a todos
El segundo matrimonio de la duquesa de Alba sorprendió a la España de la Transición. Se unió en matrimonio a un exreligioso de ideas izquierdistas que estaba muy vinculado al ámbito político y cultural.

Jesús Aguirre.
Tal y como estamos contando en ESDiario, Cayetana de Alba perdió a su primer marido en 1972 tras 25 años de matrimonio y seis hijos. La vida sentimental de la XVIII duquesa de Alba de Tormes llamó la atención de la prensa y se la relacionó con actores de Hollywood, aristócratas e intelectuales. Sin embargo, dio la sorpresa anunciando su boda en 1978 con un exsacerdote de izquierdas y valorado en el mundo intelectual, Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate.
Jesús Aguirre nació el 9 de junio de 1934 en Madrid, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Santander. Hijo de madre soltera, todo un estigma social en la España de la época, Aguirre, ya en su adolescencia, comenzó a tener inquietudes espirituales que le generaban contradicciones con sus sentimientos más íntimos, que habrían de acabar por amargar su carácter.
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Inició la carrera sacerdotal en la Universidad de Comillas de Santander. Pronto destacó como teólogo y consiguió una beca para ampliar estudios en Múnich en 1956. Estuvo financiado por la Compañía de Jesús, pero nunca llegó a pertenecer a ella, contra lo que se ha creído siempre. En Alemania conoció a Joseph Ratzinger, futuro pontífice Benedicto XVI, el segundo que ha abdicado en dos mil años de historia, que en los años sesenta sería uno de los teólogos liberales más importantes del mundo.
Durante su estancia en Alemania, Jesús Aguirre sufrió una conversión al marxismo. En los primeros años sesenta, la Iglesia católica se inclinó hacia posturas más progresistas influida por el Concilio Vaticano II, lo que generó cambios significativos en la Iglesia de Roma. Aguirre fue uno de los primeros en adoptar la figura de los “curas rojos” en España, desafiando al régimen franquista al trabajar en barrios obreros y hablar sobre temas como la planificación familiar, en un contexto donde la píldora anticonceptiva estaba prohibida. De vuelta en España, se unió al Frente de Liberación Popular, conocido como Felipe, que representaba una izquierda no republicana y más cercana a la socialdemocracia europea.

Boda de Jesús Aguirre y Cayetana de Alba.
Aguirre tuvo relaciones cercanas con figuras de la progresía, incluyendo a la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena, a quien casó. Sin embargo, su vida privada le generaba dilemas, y a mediados de la década conoció a Enrique Ruano, un joven de ideas de izquierdas. Ruano fue detenido por la policía en 1969 y murió en circunstancias sospechosas. Este hecho marcó profundamente a Aguirre, que abandonó el sacerdocio ese mismo año. Posteriormente se dedicó a la editorial Taurus, editando a autores como Fernando Savater. Su afecto por los jóvenes le valió el apodo de “La Virgen de Atocha”.
En 1975 conoció a Cayetana Fitz James Stuart, XVIII duquesa de Alba, en una cafetería cercana a la plaza de Ópera en Madrid. El primer encuentro no fue nada positivo y se cayeron fatal mutuamente. Finalmente, iniciaron una relación sentimental que sorprendió a todos.
El cura rojo entra en la Casa de Alba
Quienes conocieron a Cayetana dicen que lo que enamoró a la aristócrata fue la capacidad intelectual de Aguirre. También vio en el excura la posibilidad de establecer un puente de contacto con el nuevo poder de la España democrática. El patrimonio de los Alba era inabarcable e inasumible.
Aguirre dio con la clave: crear una Fundación para proteger los bienes inmuebles y artísticos de la familia mediante conciertos con el Estado.
Jesús Aguirre encontró en poner orden a la Casa de Alba el nuevo objetivo de su vida. La Fundación se creó en 1976 y trabajó mano a mano con Cayetana y los hijos mayores de esta, nacidos de su matrimonio con Luis Martínez de Irujo, fallecido en 1972. Aunque su relación con Aguirre no fue buena en un primer momento, Carlos, actual duque de Alba, y Alfonso, duque de Híjar, pronto vieron el beneficio de su gestión para el patrimonio.

Cayetana y Jesús Aguirre.
Cayetana y Jesús Aguirre se casaron en la capilla del Palacio de Liria el 16 de marzo de 1978. Por entonces, Aguirre ya ostentaba el cargo de director general de Música y Danza del Ministerio de Cultura bajo el gobierno de la UCD.
En ese cargo protagonizó una sonada polémica con Antonio Ruiz Soler, conocido como el bailarín, que estaba al frente de la Compañía Nacional de Danza. El artista fue despedido por el nuevo duque y Antonio no dudó en declarar a los medios de comunicación que el verdadero motivo eran los celos de Aguirre al saber que él y Cayetana habían tenido un affaire en el pasado. El propio Ruiz Soler contó en 1990 en sus memorias que fruto de su relación con la duquesa nacería el cuarto hijo de ésta, Fernando. El libro acabó siendo secuestrado por la Justicia tras la demanda de la aristócrata.
La llegada de Aguirre a la Casa de Alba no acalló el rumor de que existía una mala relación entre el segundo duque consorte de Cayetana y los hijos pequeños de esta. Por su parte, los hijos mayores de Cayetana guardaron silencio y mantuvieron un trato fluido con Jesús Aguirre. Fueron sabedores de que su figura fue fundamental para mantener y ordenar el inmenso patrimonio de la Casa Nobiliaria más importante de España y, puede, que de Europa.
Los último años
Jesús Aguirre parecía estar encantado con el nuevo título de duque consorte de Alba. Adoptó las poses del perfecto aristócrata decimonónico. Llegó a tal extremo que la propia Cayetana le consultaba sobre títulos. En una ocasión, en una cena se quejaba del fuerte dolor de cabeza que padecía de la siguiente forma: “Las cefaleas de nosotros, los Alba, son complicadas”.
El título de duque no vino solo y con él llegaron varias prebendas. En 1983 ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tres años más tarde lo haría en la Real Academia de la Lengua en el sillón “i”, a pesar de lo exiguo de su carrera literaria, gracias a las presiones del Grupo Prisa y de intelectuales como Javier Pradera. Claro que los cargos del duque le costaron algún que otro disgusto.
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Así ocurrió en 1991, cuando fue nombrado comisario del pabellón de Sevilla para la Expo 92. Seis meses le duró el cargo tras la polémica que vivió con el entonces alcalde de Sevilla, Alejandro Rojas-Marcos. Todo tenía que ver con las joyas del tesoro del Carambolo y su traslado a Madrid para una exposición. El duque publicó una carta criticando la falta de seguridad y el alcalde respondió cesándolo del cargo. El exsacerdote que siempre quedaba por encima de todos puntualizó que sería “destituido, porque cesar es un verbo transitivo”.
El final de Jesús Aguirre fue tan amargo como su vida íntima. Aislado de todos, solo recibía visitas de Juan García Hortelano, mientras que sus amigos se cansaron de sus arranques de mal genio. En los primeros noventa, Cayetana decidió pasar más tiempo en su residencia sevillana de las Dueñas que en la madrileña de Liria. Aunque su relación era solo de cara a la galería, intentaron mantener las apariencias.
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Aguirre, a su estilo, publicó un libro de memorias, Altas oportunidades, en el que relataba cómo tras las noches con Cayetana se retiraba a otro dormitorio para enviarle una carta y una flor al amanecer. Contó también su primera historia de amor con ella en un sofá. Sin embargo, su relación con los hijos de su esposa era nula, y en la boda de Eugenia con Francisco Rivera en 1998 se mostró visiblemente deteriorado. El aislamiento, el alcohol y su mala salud eran la causa.
En enero de 2001, Aguirre ingresó por un cáncer de laringe. Murió el 11 de mayo por una embolia pulmonar en el Palacio de Liria. Fue enterrado en el panteón familiar en Loeches, lejos de la duquesa. Cayetana, meses después, lo recordó en TVE como “el hombre de su vida”.