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Argentina cantó contra España una melodía escrita por un español: no es una broma, es historia

Blas Parera, nacido en Murcia en 1776, compuso la música del himno argentino durante el proceso de independencia del país sudamericano

Recreación pictórica de una de las primeras interpretaciones de la Marcha Patriótica argentina. Blas Parera, autor de la música, aparece representado al piano

Recreación pictórica de una de las primeras interpretaciones de la Marcha Patriótica argentina. Blas Parera, autor de la música, aparece representado al pianosanmartiniano.cultura.gob.ar

Patricia de la Torre
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Argentina comenzó la final del Mundial ante España con una música nacida al otro lado del Atlántico que recordó involuntariamente cuánto comparten ambos países. Los acordes de su himno devolvieron al centro de la escena a Blas Parera, un compositor murciano que en 1813 puso música a una canción vinculada precisamente a la emancipación del territorio rioplatense frente a la Corona española.

La contradicción atraviesa más de dos siglos de historia. Uno de los símbolos más solemnes de Argentina lleva la firma musical de un hombre nacido en Murcia en 1776, formado en Cataluña y establecido posteriormente en Buenos Aires, donde desarrolló su carrera como organista, profesor y compositor.

La Asamblea General Constituyente aprobó el 11 de mayo de 1813 la composición conocida entonces como Marcha Patriótica. Vicente López y Planes escribió la letra y Parera creó la música. Aquella obra, surgida en un contexto revolucionario, terminaría convirtiéndose en el Himno Nacional Argentino.

La selección española celebra su segundo Mundial ante miles de aficionados en Cibeles (Madrid).

La selección española celebra su segundo Mundial ante miles de aficionados en Cibeles (Madrid).Alexander Mouliaa

El Himno Nacional Argentino tiene música de un compositor nacido en Murcia

Blas Parera Morat nació en Murcia en 1776, aunque estaba vinculado familiar y culturalmente a Cataluña y pasó parte de su vida en Mataró. Posteriormente se trasladó a Buenos Aires, donde trabajó como músico, organista y profesor antes de recibir el encargo que acabaría convirtiéndolo en una figura esencial de la historia argentina. Una publicación oficial del Instituto Nacional Sanmartiniano sitúa su nacimiento en Murcia y su fallecimiento en Mataró en 1840.

En 1813, la Asamblea del Año XIII encargó a Vicente López y Planes la creación de la letra y a Blas Parera la composición musical. La obra recibió inicialmente el nombre de Marcha Patriótica y fue adoptando otras denominaciones hasta que, en 1847, comenzó a ser conocida como Himno Nacional Argentino.

La biografía de Parera resume una paradoja que el fútbol volvió a hacer visible dos siglos después. La obra de Parera dio forma musical a la identidad de un territorio que avanzaba hacia su separación de la Monarquía española. Aquella composición acabaría consolidándose como uno de los principales símbolos nacionales de Argentina.

Su letra original respondía al clima revolucionario de las Provincias Unidas del Río de la Plata y exaltaba la libertad, la ruptura de las cadenas y las victorias del movimiento emancipador.

Aquella versión era mucho más extensa que la que se interpreta actualmente. De acuerdo con el Ministerio de Cultura argentino, la composición original podía alcanzar aproximadamente veinte minutos. Con el paso del tiempo, el texto y su interpretación fueron adaptándose a los diferentes contextos políticos y sociales.

En 1900, un decreto del presidente Julio Argentino Roca estableció que en los actos oficiales se cantaran únicamente la primera y la última cuarteta, además del coro. Esa reducción dejó fuera buena parte de las referencias más vinculadas al conflicto con España y dio forma a la versión que hoy se reconoce en estadios, instituciones y celebraciones nacionales. La música también había sido revisada en 1860 por Juan Pedro Esnaola, que enriqueció su armonía y orquestación.

Por eso, cuando Argentina entona hoy "Sean eternos los laureles", no reproduce íntegramente la extensa canción revolucionaria de 1813. Interpreta una selección convertida con el tiempo en símbolo de unidad nacional, aunque en su origen exista una huella española imposible de borrar.

La final ya tenía una dimensión histórica antes de que comenzara a rodar el balón. España y Argentina protagonizaron una final completamente hispanohablante, algo que no ocurría desde el primer Mundial, cuando Uruguay y Argentina disputaron el título de 1930 en Montevideo.

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