Bomberos y aseguradoras coinciden: 'la regla que debes cumplir para no poner en riesgo tu vida y la indemnización tras un incendio'
Hay un error que comete casi todo el mundo las primeras horas tras un incendio, que, además de poner en riesgo la vida, puede arruinar la indemnización del seguro; según confirman peritos y autoridades

Un bombero aborda las secuelas de un incendio en una casa, despejando escombros de un techo quemado.
El instinto tras un incendio es entrar de inmediato (en las primeras 24 horas) a salvar objetos personales, pero hacer esto es la peor decisión posible. Además del peligro real de colapso de estructuras o intoxicación por los tóxicos que persiste horas después, alterar la escena antes del atestado policial o la llegada del perito del seguro puede invalidar la cobertura de tu póliza.
Por ello, una vez garantizada la integridad física de las personas y animales, hay que solicitar la autorización explícita de Bomberos para acceder; inmediatamente después empieza la carrera burocrática. Saber a quién llamar, qué documentos exigir en el momento y qué fotos hacer antes de limpiar nada marcará la diferencia entre recuperar tu hogar o asumir pérdidas astronómicas.
Por ello, las primeras horas son decisivas. La prioridad absoluta no es recuperar objetos ni evaluar pérdidas, sino confirmar que todas las personas están a salvo, seguir las indicaciones de los servicios de emergencia y evitar cualquier regreso prematuro a la vivienda hasta que Bomberos o Policía autoricen la entrada.
Asegura primero la salud
Las autoridades insisten en que el humo, los gases, los derrumbes y las instalaciones dañadas pueden seguir representando un riesgo incluso cuando las llamas ya se han apagado.
Si hay heridos, quemaduras o síntomas de inhalación de humo, la atención médica debe ser inmediata. Aunque el daño parezca leve, toser, marearse o notar dificultad para respirar puede indicar una exposición peligrosa, por lo que conviene no minimizar ningún síntoma. En estas situaciones, la rapidez marca la diferencia y lo correcto es pedir ayuda sanitaria sin esperar a comprobar el resto de los daños.
También es importante mantener la calma y no tomar decisiones impulsivas. En muchos incendios domésticos, las personas afectadas intentan entrar de nuevo para salvar documentos, ropa o pequeños objetos de valor, pero ese gesto puede ser muy peligroso. La recomendación general es esperar siempre a los equipos de emergencia, que son quienes pueden valorar si existen focos activos, estructuras inestables o riesgos eléctricos.
Qué hacer en la vivienda
Una vez que las autoridades lo permitan, el siguiente paso es revisar la vivienda con mucha prudencia. No se debe encender la luz, mover electrodomésticos ni manipular enchufes, cuadros eléctricos, bombonas o tomas de gas sin una comprobación previa por parte de técnicos o personal autorizado. Aunque a simple vista todo parezca estable, un incendio puede dejar daños ocultos que no se detectan en un primer vistazo.
Conviene hacer un recorrido rápido y ordenado, preferiblemente acompañado, para identificar qué zonas han quedado afectadas y qué objetos pueden recuperarse sin riesgo. Antes de limpiar, tirar restos o mover muebles, es mejor hacer fotografías y vídeos de los daños. Esa documentación será útil tanto para la aseguradora como para cualquier trámite posterior con la comunidad, la propiedad o servicios de emergencia.
Si la vivienda ha quedado con puertas, ventanas o accesos dañados, hay que intentar protegerla frente a intrusiones o nuevas incidencias, pero solo si hacerlo no implica exponerse al peligro. En algunos casos, puede ser necesario contar con ayuda de vecinos, administradores o personal de mantenimiento para asegurar el inmueble mientras se resuelve la situación.
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El seguro y los papeles
Uno de los gestos más importantes de las primeras 24 horas es avisar a la compañía aseguradora cuanto antes. La comunicación temprana permite abrir el expediente de siniestro, activar la valoración de daños y, en algunos casos, acceder a soluciones provisionales como alojamiento temporal, reparación urgente o asistencia básica. Cuanto más claro sea el aviso, más ágil suele ser el proceso.
Al informar del incendio, conviene explicar con precisión la fecha, la hora aproximada, las zonas afectadas y los daños visibles. También es útil tener a mano la póliza, el DNI, los datos de contacto y cualquier justificante que pueda ayudar a tramitar la incidencia. Si se han perdido documentos importantes, se puede pedir orientación a las autoridades o a la propia aseguradora sobre cómo reconstruir la información.
No hay que desechar objetos dañados de inmediato. Aunque algunos parezcan irrecuperables, pueden ser necesarios para la peritación o para justificar reclamaciones posteriores. Lo mismo ocurre con facturas, recibos, tickets o gastos derivados del siniestro, como alojamiento, transporte o productos básicos de emergencia.