Las monjas españolas que fabrican hasta 30.000 hostias en una mañana y aprovechan hasta los recortes

Así es el trabajo que sigue realizándose tras los muros de varios conventos españoles

Varias comunidades religiosas españolas mantienen la tradición de elaborar las formas que después se utilizan en las celebraciones eucarísticasUnsplash

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A primera vista, la receta resulta difícil de simplificar más: harina y agua. Sin embargo, convertir esos dos ingredientes en miles de formas listas para ser consagradas exige varios días de preparación, máquinas específicas y una precisión que llega hasta la revisión individual de cada pieza.

En algunos conventos españoles, la elaboración de formas sigue formando parte del trabajo cotidiano de las comunidades religiosas. Uno de los casos que permite conocer el proceso con más detalle es el de las carmelitas descalzas de San Lorenzo de El Escorial. La comunidad, formada por once hermanas, puede llegar a producir 30.000 formas en una sola mañana.

La cifra llamó todavía más la atención en 2026, cuando varios monasterios se coordinaron para preparar las formas destinadas a las celebraciones de la visita de León XIV a España. RTVE documentó la participación de hasta diez conventos en aquel trabajo.

De 18 kilos de harina pueden salir cientos de paneles

El proceso comienza mucho antes de que aparezca la pequeña oblea circular que conocemos. Según la información publicada sobre el trabajo de las carmelitas de El Escorial, las religiosas introducen en una gran batidora 18 kilos de harina y 25 de agua. Con esa mezcla pueden elaborar alrededor de 600 paneles.

La masa pasa después por tres máquinas equipadas con dos planchas de cocción cada una. Los paneles se cuecen en unos 60 segundos, pero todavía queda bastante trabajo por delante.

La elaboración de las formas parte de una mezcla de harina y agua que después se cuece, reposa, humedece y corta.@davideucaristia

Tras salir de las planchas, permanecen alrededor de una semana en un armario para que la harina se estabilice. Después pasan a otro espacio en el que se humedecen durante unas dos horas. Este paso ayuda a evitar que las láminas se rompan durante el corte y que queden partículas sueltas en los bordes.

Solo entonces llega el momento de convertir aquellos paneles en las formas circulares. Las religiosas disponen de máquinas de corte capaces de sacar distintas combinaciones: una obtiene seis formas grandes y 25 pequeñas de cada corte y otra produce una grande y 45 pequeñas. Después, cada una se revisa para comprobar que sus bordes hayan quedado lisos.

Los recortes también tienen una segunda vida

Una de las partes más curiosas del proceso aparece justo después del corte. Al extraer círculos de una lámina quedan inevitablemente fragmentos alrededor. En este convento también encuentran utilidad para ellos.

Según explica la información difundida con motivo de la visita papal, algunas iglesias se llevan esos recortes para que los coman los monaguillos. La propia comunidad aprovecha otra parte para elaborar almidón destinado a los paños litúrgicos.

Los paneles que ya no sirven se trituran y se cuecen. La mezcla resultante se emplea para almidonar corporales, manteles y otras piezas de lino utilizadas en la liturgia. Es una costumbre con antecedentes mucho más antiguos: un estudio etnográfico sobre la elaboración tradicional de las hostias recoge que los recortes, conocidos en algunos conventos como "pan sin levadura", se regalaban a monaguillos y niños de los pueblos.

Antes de llegar al altar, cada forma pasa por un proceso de elaboración que en algunos conventos españoles sigue en manos de comunidades religiosas.Felipe Balduino

Una producción que empieza de madrugada

El trabajo adquiere dimensiones todavía más llamativas cuando llegan encargos extraordinarios. Para preparar la visita de León XIV, las carmelitas descalzas de Maluenda, en Zaragoza, llevaban meses trabajando y comenzaban sus jornadas a las cinco de la mañana. Allí también podían alcanzar las 30.000 formas diarias.

En su caso, RTVE detalló otra proporción de trabajo: siete kilos de harina y seis litros de agua por tanda. Antes de mezclarlos, las religiosas tamizaban la harina para conseguir una forma más fina. Sor Lucía resumía la receta añadiendo, entre risas, un tercer ingrediente: "Mucho amor de Dios".

La producción tampoco se limita a los grandes acontecimientos. Las carmelitas de El Escorial abastecen de forma habitual a parroquias de su entorno y de otros puntos de España. Una sola de ellas, según explicaron las religiosas, llega a solicitarles unas 40.000 formas cada mes.

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A pesar de la espectacularidad de estas cifras durante las grandes citas de la Iglesia, los obradores de los conventos españoles atraviesan una realidad económica delicada. En la última década, la producción artesanal de formas ha caído de media más de un 50% debido a la irrupción en el mercado de hostias industriales importadas a bajo coste desde grandes factorías de China, Polonia e Italia. Mientras que el millar de obleas tradicionales hechas por las religiosas españolas ronda entre los 6 y los 10 euros para poder cubrir los costes energéticos y de materias primas, los mayoristas asiáticos inundan las tiendas de artículos religiosos con bolsas equivalentes por la mitad de precio, obligando a muchas comunidades de clausura a abandonar el que históricamente fue su principal sustento económico.