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The Weeknd incendia Madrid con un espectáculo sublime que nadie debería perderse

Abel Tesfaye convirtió el Metropolitano en una gigantesca ciudad futurista ante 50.000 espectadores y regaló un final apoteósico, todavía repetible durante las otras dos noches de su trilogía madrileña

El espectáculo visual del After Hours Till Down de The Weeknd es abrumador

El espectáculo visual del After Hours Till Down de The Weeknd es abrumadorMQ

Miguel Queipo
Publicado por
Miguel Queipo de Llano

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The Weeknd ha venido a Madrid a levantar su propia ciudad, incendiarla y conseguir que 50.000 personas no quieran marcharse de ella. El primero de sus tres conciertos en el Metropolitano fue una exhibición visual, musical y tecnológica difícil de describir sin que los adjetivos se agoten. Sublime, apoteósico e imperdible pueden servir para empezar.

También fue una pequeña cumbre de Naciones Unidas con mejor banda sonora. Franceses, italianos, rusos y seguidores llegados desde distintos rincones de Europa llenaron un estadio convertido en epicentro de la perenigración 'findesemanera'. The Weeknd convocó a medio continente y logró que todos cantasen en el mismo idioma.

La puesta en escena abruma. Tres escenarios unidos por una larguísima pasarela, una mujer robótica dorada de 15 metros diseñada por Hajime Sorayama, figurantes vestidas de rojo, láseres, fuegos artificiales y llamaradas cuyo calor alcanzaba las gradas. No era fuego metafórico: Abel Tesfaye incendió Madrid y algunos salimos razonablemente bien cocinados. Dos patatitas y estoy para una cena.

La realización merece capítulo aparte. La enorme pantalla central y las cuatro adyacentes ofrecían planos perfectamente sincronizados con cada momento clave. No se limitaban a acercar al cantante: construían una película en directo mientras Tesfaye recorría aquella metrópolis futurista sin regalar un segundo de descanso. Uno de apenas 40 segundos. El resto, sin respiro. Mis fines de semana son más relajados, se lo aseguro.

Abel tampoco quería marcharse

Tanta precisión técnica podría haber convertido el concierto en un espectáculo frío. Ocurrió justo lo contrario. The Weeknd estuvo especialmente divertido, juguetón y entregado a una grada con la que mantuvo una conexión permanente. “Este es el primero de los tres conciertos que tengo en Madrid. El primero es el más importante. No querréis que el segundo o el tercero se lo pasen mejor, ¿verdad?”, provocó.

La respuesta debió de convencerlo. “No quiero bajarme de este escenario jamás”, confesó casi terminando. Y durante cerca de dos horas dio la impresión de hablar en serio: enlazó 38 canciones, jugó con el público y convirtió el gigantesco recinto en una discoteca en la que nadie necesitaba conocer a quien bailaba y canturreaba dejándose los pulmones al lado.

El final resultó sencillamente inolvidable. Blinding Lights sacudió el Metropolitano antes de que Moth to a Flame cerrase la noche con un despliegue deslumbrante de voz, efectos visuales y fuegos artificiales. Madrid todavía dispone de otras dos oportunidades. Quien tenga entrada ya puede empezar a impacientarse. Quien no la tenga debería buscarla.

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