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"El monóxido no avisa": La inspección obligatoria de las calderas de gas que debe hacerse cada dos años

El RITE y las comercializadoras imponen calendarios de revisión obligatorios para evitar sanciones y riesgos graves en la calefacción de los hogares

Caldera de gas

Caldera de gas

Antonio Bret
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La seguridad en los hogares españoles depende en gran medida del mantenimiento preventivo de los sistemas de calefacción y agua caliente. El monóxido de carbono, conocido popularmente como el asesino silencioso por carecer de olor y color, representa una amenaza latente cuando los aparatos de combustión fallan o carecen de una adecuada salida de gases. 

Por este motivo, el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), regulado a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y el Ministerio de Industria y Turismo, establece la obligatoriedad de someter las calderas murales a gas de potencia inferior o igual a 70 kilovatios a una revisión oficial con una periodicidad bianual. Esta medida busca certificar la estanqueidad del circuito, la correcta combustión y la ausencia de emisiones nocivas que pongan en riesgo la salud de los inquilinos.

Conviene distinguir con precisión este control técnico de la inspección periódica de la instalación general de gas. Mientras que la revisión de la caldera se centra de forma específica en el aparato y debe encargarse cada dos años a través de una empresa mantenedora habilitada o el servicio técnico oficial del fabricante, la inspección de la red de tuberías, llaves y contadores se realiza de forma general cada cinco años por parte de la empresa distribuidora. 

Ambas obligaciones son complementarias e imperativas por ley, por lo que el titular del suministro debe velar por el cumplimiento de ambas fechas para evitar sanciones administrativas o situaciones de riesgo en el domicilio.

Diferencias clave entre la revisión del aparato y la inspección general de la red

Para cumplir con el marco legal actual, los usuarios deben entender qué elementos abarca cada actuación técnica y quién ostenta la responsabilidad de su gestión. 

En el caso de la caldera doméstica, el propietario de la vivienda o el titular del contrato es el encargado de contratar la visita de un profesional acreditado que compruebe el estado de los quemadores, la evacuación de los vapores y el rendimiento energético. Si se trata de un calentador de agua de menor potencia —hasta 24,4 kilovatios—, la norma estipula un plazo de cinco años, pero las calderas convencionales de uso mixto para calefacción y agua caliente sanitaria exigen el paso del operario cada veinticuatro meses.

Por otro lado, la inspección de la instalación de gas canalizado o envasado se rige por la ITC-ICG 07 del Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos. Las compañías distribuidoras notifican por escrito con antelación la fecha de la visita para revisar los contadores y las conducciones principales. 

Mantener la documentación y el certificado al día no solo garantiza la validez de la garantía oficial del fabricante y el cumplimiento de las exigencias de las aseguradoras en las pólizas de hogar, sino que actúa como la principal barrera de protección frente a intoxicaciones e incendios derivados de un deficiente mantenimiento técnico.

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