El alcalde de Aldaya testigo de caídas de abuelos en directo y no hace nada para evitarlo
Personas mayores, familias con carros, perros, niños... la esperpéntica escena de los vecinos atravesando una carrera de obstáculos para cruzar la calle mientras el socialista Guillermo Luján, in situ, solo se preocupa de salir en televisión

A la izquierda un hombre saltando la valla antiinundaciones y a la derecha el alcalde del PSOE Guillermo Luján
El mayor ejemplo de la desidia política se vivió este domingo en Aldaya tras desbordarse el barranco de la Saleta, otra vez. El servidor del pueblo, el alcalde socialista Guillermo Luján, se preocupó más de salir bien en cámara que del esperpento que acontecía a su al rededor. Con indiferencia contempló durante horas cómo los vecinos se subían a una silla y, con dificultades, saltaban la valla antiinundaciones desencadenándose tropiezos.
Ante los casos de alerta por tormentas, el de la dana Alice este fin de semana, ya es habitual que este municipio -que fue devastado por la riada del 29 de octubre de 2024- se blinde levantando unos diques metálicos en sus calles para impedir el avance del agua. Es el parche ante una desidia mayor, la del Gobierno de Pedro Sánchez que sigue sin ejecutar el desvío del cauce.
El domingo el temporal amainó, el cielo se despejó, salió el sol y la alerta de la Aemet decayó. Pero el Ayuntamiento de Alaia no retiró las barreras de protección que dividen en dos la población.
El paso a nivel que atraviesa el barranco de la Saleta seguía siendo el principal foco mediático de la mañana. De cara a los informativos, la prensa y las televisiones cubrían el suceso del barranco -ya seco- que el día anterior protagonizó un nuevo desbordamiento localizado, el segundo en lo que va de mes. Allí estuvo Luján toda la mañana, atendiendo como un goteo a los medios.
Fue testigo durante horas de la carrera de obstáculos que sus vecinos tenían que superar para algo tan simple como cruzar la calle. Sorprendía el flujo de personas constante que saltaban la valla de un metro de altura sirviéndose del apaño improvisado dos sillas, colocadas una a cada lado de la barrera, para poder impulsarse. Personas mayores tenían grandes dificultades por la menor movilidad fruto de su avanzada edad. Vecinos que pasaban por allí se acercaban para tenderles la mano y ayudarles. También familias aupando carros, niños y hasta mascotas... De hecho, al menos dos personas sufrieron una caída.
Y allí estaba Luján, pasmado sin hacer nada. Miraba hacia otro lado, en sentido figurado, porque en realidad veía perfectamente lo que ocurría en sus narices. La gente resignada se preguntaba por qué no llamó a la Policía Local para que las quitara o, al menos, solo una de las placas que permitiera un estrecho paso. Otros, más habilidosos, se conformaban diciendo que "mejor esto que nada", mientras algunos pensaron que la solución podría ser poner una escalera. En cualquier caso, una escena insólita que capto el interés mediático nacional.