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Un año del "gracias Pedro" de Mazón que le situó en la casilla de culpable y del "si quieren recursos que los pidan" de Pedro Sánchez

El 31 de octubre de 2024, la falta de diligencia de un Mazón doblegado ante un Pedro Sánchez que omitía su deber de socorro ha derivado en la actual pérdida del relato

Pedro Sánchez con Diana Morant, Mazón y Pilar Bernabé

Pedro Sánchez con Diana Morant, Mazón y Pilar Bernabé

Sonia García
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El 31 de octubre de hace un año fue el Halloween más terrorífico para millones de personas en la provincia de Valencia con la imagen de la desesperación buscando a sus familiares en las calles sepultadas de lodo y llenas de coches agolpados. A primera hora de la mañana, continuaban hallándose cadáveres, como los 8 cuerpos en un garaje de La Torre. En las instalaciones del 112 en L'Eliana se encontraba el presidente de la Diputación, Vicent Mompó, quien se derrumbó entre lágrimas en su comparecencia pública y el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón. Aquel día tuvo la oportunidad de poner las cosas en su sitio y de que, a día de hoy, la realidad fuera otra, pero su parsimonia abrió la puerta al relato perdedor que le cuesta ahora el desgaste de su carrera política.

La víspera de Todos los Santos, llegó a las instalaciones de Emergencias un impasible Pedro Sánchez, en Falcon. Se mostró indolente, ajeno al terror que estaba sufriendo en la zona afectada. Se desentendió, omitiendo sus responsabilidades legales no asumiendo la emergencia nacional y omitiendo el deber de socorro al no enviar al Ejército de Tierra de forma inmediata, sin poner todos los medios que en cambio sí despliega en otros países como Marruecos, dejando a miles de personas atrapadas, incomunicadas, sin luz, ni agua, ni comida, durante días. Prefirió dejar la catástrofe más mortal de la Historia en manos de una administración sin recursos y encabezada por una abogada inexperta recién llegada al cargo de consellera. No anunció ninguna ayuda, sino que en su posterior declaración institucional afirmó: "si necesitan recursos que los pidan". No le tembló la voz con esa cita que ha quedado grabada en la memoria colectiva, sin que esa falta de humanidad se haya traducido en un nivel de exigencia de asunción de errores que sí se le ha requerido a otros cargos autonómicos como a la consellera Nuria Montes, cesada por solo una frase desafortunadamente hiriente a los pies de la morgue provisional de Feria Valencia.

Alberto Núñez Feijóo acababa de denunciar in situ la falta de colaboración del Gobierno central. En cambio, un Carlos Mazón en estado catatónico, al lado físicamente de Sánchez, dijo ante los medios de comunicación: "gracias presidente por venir". Unas palabras de rendición que dejaron atónitos a los presentes y que siguen cobrándose consecuencias. Esa falta de diligencia de un presidente autonómico con un vacío narrativo entorno a las competencias de Pedro Sánchez en la riada que, además, no le exigió todos los recursos que en ese momento necesitaban los valencianos, derivó en ese mismo instante en la situación actual: situándose a sí mismo en la casilla de culpable, al menos en la casilla de derrotado. Una actitud complaciente de la que hoy se arrepiente el 'president', consciente de que se "equivocó" por "confiar" en Sánchez, según sus propias palabras.

De poco serviría que pasado los meses saliera del shock para entrar a una fase de ataque frontal contra el Gobierno central. Su cabeza en la diana mediática y de la opinión pública, promovida por el relato de la izquierda, sepultaba y sigue sepultando la corresponsabilidad del resto de dirigentes que fallaron al pueblo: por un lado, la Aemet por no establecer la alerta roja el día anterior, activarla por la mañana del 29 solo en el litoral por fenómeno observado y por errar después en la previsión de precipitación en el interior impidiendo que se pudiera haber previsto con anterioridad la acumulación de agua en los cauces y su escorrentía que acabó tomando forma de tsunami. Por otro, la Confederación Hidrológica del Júcar, por carecer de medidores dejando de controlar los barrancos desbordados de l'Horteta o el Gallego, así como por no alertar verbalmente de la crecida del Poyo en los minutos clave que sí conocían e incluso por su gestión de las presas. O la obligación directa desatendida de los gobiernos de Pedro Sánchez, Rajoy y Zapatero al no ejecutar las obras de seguridad nacional que los expertos aseguran que habrían salvado vidas y que  Sánchez tenía en su cajón desde que asumió su cargo hace siete años. 

Todos estos encargados directos e indirectos de la prevención y gestión de la riada han conseguido entre las vacilaciones y tropiezos de Mazón, escabullirse de toda rendición de cuentas. Para mayor desgarro, los familiares de las víctimas se vieron en la doliente tesitura de contemplar en el funeral de Estado a quienes consideran autores de la muerte de sus seres queridos. Y continuarán viéndoles a diario en sus respectivos sillones porque en España, a diferencia de otras democracias europeas, no está arraigada la moralidad política que lleva a los dirigentes a dimitir ante cualquier mero indicio de mal ejercicio. 

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