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Miguel Ángel Revilla y su misión secreta en Picassent: 'operación paella del 64'

El ex presidente de Cantabria hace una escapada al municipio valenciano en su camino a Cartagena para degustar una paella en L’Alter que recodaba nada menos que de 1964

El ex presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, come paella en Picassent

El ex presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, come paella en Picassent

Enrique Martínez Olmos

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Miguel Ángel Revilla, el ex presidente de Cantabria que siempre encuentra tiempo parta salir en televisión, ha vuelto a dar material para la crónica costumbrista nacional. En plena ruta hacia Cartagena, donde le espera un premio con nombre solemne, el Obispo Gallego, decidió desviarse discretamente hacia Picassent para rendir culto a uno de sus viejos altares gastronómicos: la paella valenciana de las de antes.

Porque Revilla, que jamás ha ocultado su pasión por los fogones ajenos, ha publicado una fotografía en la que aparece ante una paella humeante, con la satisfacción de quien cree haber encontrado un tesoro enterrado desde 1964. Y no se ha limitado a presumir del plato, ha firmado el comentario con la épica culinaria que lo caracteriza que “de camino a Cartagena, donde recibiré el Premio Obispo Gallego, hago una parada en Picassent para comer con Aurora en el restaurante L'Alter. He vuelto a encontrar la auténtica paella valenciana que recordaba de 1964, cuando fui sargento en el cuartel de artillería de El Saler. La paella es de verduras y conejo. Un 10”.

Así, sin más. Una parada técnica para comer paella valenciana convertida en peregrinación emocional hacia un sabor que asegura no haber probado desde tiempos de uniforme de la mili. Un gesto muy Revilla: política por un lado, cuchara por el otro. Fiel a su estilo, el ex presidente de Cantabria vuelve a mostrar que su verdadera diplomacia no está en las instituciones, sino en el mantel y en la televisión: allí es donde de verdad se desata. La escena encaja perfectamente en el personaje: un veterano de la política que aprovecha cualquier viaje oficial para dejar rastro gastronómico. La agenda dice Cartagena, el estómago dice Picassent.

No es casual que mencione el año con exactitud militar. 1964 es, para él, el punto de referencia sentimental: su paso por el cuartel de artillería de El Saler, cuando descubrió una paella valenciana auténtica, campesina, sin artificios, sin marisco de postal turística. La de verduras y conejo, la de toda la vida. Según su propio relato, la que ha probado ahora es la primera que iguala aquella memoria gustativa guardada durante seis décadas. Picassent pasa a formar parte de esa ruta sentimental del expresidente de Cantabria, donde cada plato termina convertido en un titular. Y, por supuesto, la paella se lleva un 10. 

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