Destituir a Broseta y nombrar a Merino en su lugar: un giro errático
Su gestión tenía peso, su palabra contaba y su rigor se traducía en resultados tangibles.
Pablo Broseta en el Parlamento Europeo.
Es difícil justificar la decisión de JFP Llorca, presidente de La Generalitat, de cesar a Pablo Broseta Dupré como secretario autonómico de relaciones con la Unión Europea. El Sr. Broseta no era un tecnócrata de paso; era, y sigue siendo, una figura ilustre dentro del patriciado valenciano, además de un servidor público de visión europeísta. Y un buen abogado. Sus largos años al frente del consulado de Francia en Valencia le habían ganado el prestigio en el círculo diplomático de la Ciudad, un valor añadido al de su apellido. Bajo su responsabilidad, la Comunitat ganó respeto en Bruselas y credibilidad técnica en los foros de decisión comunitaria, entre ellos el Foro de las Regiones. Su gestión tenía peso, su palabra contaba y su rigor se traducía en resultados tangibles.
Cesar a Pablo Broseta en este momento es algo más que un error político. JFP Llorca no solo ha demostrado con su decisión que en su gobierno se valora poco la preparación, sino que ha querido enmascarar el reequilibrio interno del Consell con una decisión difícil de explicar. Pablo Broseta pertenece a esa saga familiar afincada en el centro reformista, de talante liberal, que no casa con los nuevos aires conservadores que soplan en la calle Caballeros.
Pero la guinda del pastel es el nombramiento de Ruth Merino como sustituta de Pablo Broseta. Exconsellera de Hacienda, liberal independiente y de larga trayectoria política en Les Corts, Merino fue destituida sin razón aparente alguna hace apenas quince días en medio de un reajuste interno que dejó claro el nuevo rumbo conservador del Consell. Su designación, degradándola un escalón en la jerarquía de la burocracia política, resulta incoherente: JFP Llorca apartó una voz liberal, sobradamente preparada, y la recupera en un lugar que no toca, para un cargo que exige especialización y no reajustar equilibrios políticos.
Con el cese de Pablo Broseta y el nombramiento en su lugar de Ruth Merino, después de haber prescindido de ella innecesariamente para recolocar en su lugar a quien desconoce cómo funciona la caja del Consell, la Comunitat puede perder lo conseguido en Bruselas que no es poco. Una decisión que no solamente deja al lado a un ilustre patricio, sino que compromete a una buena hacendista degradada dos semanas después de haberla cesada; bastante complicado lo tiene ella para explicar por qué lo ha aceptado. Difícil dirá más de uno en plaza.
Recuerdo la historia de Custer, el jefe del 7º de Caballería en las guerras indias de los EE.UU. en el siglo XIX cuando aceptó pasar de mandar una división como general a un regimiento como coronel; en su caso no tenía un destino asegurado en Hacienda o la posibilidad de regresar a la política en una próxima legislatura con el mismo rango, en el Consell o en les Corts. El coronel Custer murió en combate en las colinas de Litlle Big Horn en manos de los Siux; por sus prisas y un error estratégico de su general al mando. Simples comparaciones.