La cultura protectora
En estos tiempos de zozobra la cultura es herramienta principal de reconciliación

Participantes del acto central del 40 aniversario del Consell Valencià de Cultura celebrado esta semana en el auditorio Santiago Grisolía
Aprendí de mi admirado amigo el arquitecto venezolano Oscar Tenreiro, Premio Nacional de Arquitectura y Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional, su concepto de “techo protector” como una síntesis que contemplando desde la sombra de Tanizaki hasta la losa de Eduardo Torroja, eleva a concepto un gesto arquitectónico. El mismo del grabado de Filarete de Adán protegiéndose de la luvia.
Escribí la semana pasada sobre el Sant Calze de Vàlencia, el año jubilar y el futuro centro de interpretación en la Casa del Relojero y la semana que termina ha estado cuajada de acontecimientos culturales -muchos de ellos transversales – que alegra recordar.
Asistimos al Cant de la Sibil-la en la Catedral en la cuidada versión más medievalista que, ya empieza a ser costumbre, ofrece la Capella de Ministrers. Nos acompañó Rosario Álvarez, presidenta del Consello da Cultura Galega (obsérvese el orden de los términos) que nos visitaba con motivo del 40 aniversario del Consell Valencià de Cultura. Para la ocasión la investigadora y pianista Raquel de Val interpretó obras inéditas de la compositora valenciana Lola Vitoria. Y el maestro Enrique García Asensio recordó sus treinta tres años de pertenencia al ente estatutario y las importantes personalidades que le acompañaron en su larga trayectoria de servicio a la cultura valenciana.
Esa misma tarde, la capilla desacralizada de la Beneficencia fue el marco de la entrega de los premios Va de bou presidida por el conseller Valderrama y participada por alcaldes, diputados provinciales, asociaciones, agrupaciones y protagonistas de la cultura taurina, de ruedo o calle, sin distinción de color ideológico.
Los premios CREA otorgados al alimón por las cinco universidades públicas valencianas, reconocieron trayectorias tan consolidadas como las de la pintora Carmen Calvo o el teatro escrito por Rodolf Sirera. Y tan decididamente emergentes como la del director del Museo de Bellas Artes, Pablo González Tornel. Uno de los galardones ostenta el nombre del gran José María Yturralde.
He recordado mis andanzas con Ricardo Muñoz Suay de la mano de la arquitecta Cristina Grau -autora de la intervención en el Rialto de Borso di Carminati- cuando el decano saliente de la Facultad de Bellas Artes Pepe Galindo (enhorabuena y mucho éxito para la nueva decana Laura Silvestre) otorgó la medalla de San Carlos en su XXVII edición a la Filmoteca Valenciana. También los “viejos tiempos modernos” de consolidación de la Facultad en su singular andadura politécnica y el trabajo de la profesora María Teresa Beguiristaín.
Recomiendo visitar el impactante Belén de la Fundación Bancaja en la Plaza de Tetuán y, a pocos metros, el curiosísimo Belén napolitano de la Colección Pedrera Martínez en el Palacio de Cervelló. Y estar atentos -yo estuve en el último en el Auditori de Torrent- al próximo concierto de Bernia, “Amb el cor plenet”, el conjunto de ocho mujeres que canta, divinamente, en valenciano.
La cultura en su diversidad temática, cuando todavía no se han agotado los perfiles de excelencia científica que el Rey celebró en la Lonja de la Seda, con motivo de los Jaume I, se erige una vez más como el manto protector que, sin olvidarlo, nos permite encarar el duelo de la tragedia vivida.
Lo demostró durante la pandemia facilitando las cosas mediante la tecnología a la hora de trabajar, de continuar estudiando en universidades, colegios y bibliotecas. Y mediante la literatura, el arte, la música y el cine, para sobrellevar el absurdo confinamiento.
En estos tiempos de zozobra la cultura es herramienta principal de reconciliación. Es la cultura protectora. Más que un gesto o un trazo, un compromiso de militancia y consumo.
En la tarde del sábado en el Palau de les Arts no cabía un alfiler para Verdi