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Franco reaparece en el Mercado de Colón de Valencia y se lleva una multa por ir sin cinturón en el coche

Una persona caracterizada como el dictador se da una vuelta por el emblemático edificio modernista entre las miradas atónitas y algún que otro grito de apoyo mientras la Policía Local le mete una sanción

Franco en el Mercado de Colón de Valencia y recibiendo una multa por ir sin cinturón

Franco en el Mercado de Colón de Valencia y recibiendo una multa por ir sin cinturón

Enrique Martínez Olmos

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Francisco Franco ha reaparecido en pleno Mercado de Colón de Valencia. No en los libros de historia ni en una sesión del Congreso por boca de algún ministro del PSOE para desviar la atención, sino entre terrazas, móviles en alto y caras de sorpresa. Una inocentada cuidadosamente ejecutada que se ha convertido en una de las escenas más virales y que vuelve a demostrar que, en España, el pasado nunca descansa. La escena ha sido más surrealista cuando la persona que interpretaba al dictador ha sido multada por la Policía Local al llegar en un coche sin llevar cinturón.

Un individuo caracterizado como el dictador con uniforme, gesto hierático y paseo marcial incluidos recorrió el emblemático enclave modernista ante la mirada atónita de viandantes y clientes. Algunos reaccionaron con risas y fotos, otros, con visible incomodidad. Incluso hubo quien, entre la broma y la provocación, le lanzó gritos de apoyo de “Franco, Franco” en el Mercado de Colón de Valencia, elevando la inocentada a un nivel de surrealismo difícil de igualar.

El episodio de Franco en el Mercado de Colón de Valencia, claramente planteado como una broma del Día de los Inocentes, ha abierto de inmediato el debate habitual: ¿simple humor irreverente o provocación política en toda regla? En un país donde el franquismo es un tema permanentemente para la izquierda, cualquier guiño, aunque sea en clave de parodia, corre el riesgo de convertirse en gasolina para el incendio ideológico.

Las imágenes de Franco por Valencia no tardaron en circular por redes sociales, donde se mezclaron carcajadas, indignación y análisis sesudos sobre la memoria histórica. Para unos, la escena no pasa de ser una performance en clave de humor como inocentada, para otros, una falta de respeto inadmisible en un espacio público. Como casi siempre, el contexto y la intención importan menos que la interpretación interesada. Entre el humor y la provocación calculada, la inocentada del Mercado de Colón ha cumplido su objetivo: dar que hablar.

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