Un revolucionario de derechas
"Y ahora es la supuesta izquierda la que hoy, ante la deposición o aniquilamiento de cualquier carnicero despiadado, se indigna y apela a un muy beato y conservador derecho internacional".

Allende con Fidel Castro, en un homenaje del PSOE.
Crecimos con aquella imagen heroica de un Lenin furioso arengando a las masas hasta tomar violentamente el tiránico Palacio de Invierno zarista. Tan violentamente, que después de la toma, no tardaría en llegar una cruenta guerra civil que dejaría cientos de miles de muertos. Sin contar los millones, que tras éste tan adorado episodio revolucionario, acabarían muriendo pero de pura hambre.
Por no hablar de aquellas pegadizas canciones de Carlos Puebla y Los Tradicionales, que nos endulzaban los oídos mitificando a los nuevos superhombres que providencialmente habían aparecido en el Caribe, hasta derrocar a tiro limpio al dictador Batista; aquel vehemente Fidel Castro y su santo laico Che Guevara. Cómo acabó aquella otra revolución, es bien conocido de todos.
Finiquitado por fin el Siglo XX, en que se dieron los más extravagantes experimentos totalitarios: fascistas, nacionalsocialistas o simplemente socialistas, y por supuesto islamistas, todos los cuales han dejado un reguero inconmensurable de sangre, torturas, hambrunas -con varios episodios sonados de canibalismo - y decenas de millones de cadáveres y exiliados. Una nueva era, sin duda, hoy se abre paso. Esta vez, al insoportable calor, eso sí, de los nuevos bombardeos quirúrgicos.
Y ahora es la supuesta izquierda, esa misma que llevaba más de 200 años, desde la guillotina, aclamando directa o indirectamente todos estos experimentos regicidas y transformadores -nunca hay que olvidar que Hitler y Stalin se repartieron amigablemente Polonia, o que, por ejemplo, Mussolini, primero fue un ardoroso socialista- los mismos que hoy, ante la mera deposición o aniquilamiento de cualquier carnicero despiadado en funciones de jefe de estado, se indignan sobremanera apelando a un muy beato y muy conservador "derecho internacional". Nada más y nada menos.
Lo cual ya no nos deja ningún lugar a la duda razonable: hoy la revolución sólo puede ser de derechas.