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Luis Motes

Luis Motes

Presentador de ‘El Faro’

La pareja de Pérez Llorca les quita el sueño

La izquierda doméstica, Sara Santaolalla, el mismísimo ministro, Óscar Puente, y el equipo de haters habituales, repiten el mantra del “enchufe”, mientras olvidan la hemeroteca que los retrata.

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez LlorcaEuropa Press

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La oposición valenciana, mediática y política, reverdece el linchamiento moral. Esta vez el blanco es la pareja del presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, que ha accedido a una plaza funcionarial en la Diputación de Valencia tras solicitar una comisión de servicios desde el Ayuntamiento de Finestrat. Todo legal, al parecer, revisado, evaluado y con transparencia. No obstante, embarcados en la premisa de que la realidad no te frustre un buen titular, o un gran escándalo, lo menos importante es la verdad: el hecho de ser “la novia de Llorca” basta para que las terminales mediáticas del sanchismo se activen como un resorte. La doctrina del escándalo está servida. La izquierda doméstica, Sara Santaolalla, el mismísimo ministro, Óscar Puente, y el equipo de haters habituales, repiten el mantra del “enchufe”, mientras olvidan la hemeroteca que los retrata. Porque si algo sobra en los años del Botànic es nepotismo del bueno, del institucionalizado, y este diario ha apuntado algunos ejemplos bien sonoros que afectan al alcalde de Paterna, Juan Antonio Sagredo, al ex alcalde de Valencia, Joan Ribó, y otros, asuntos que, ni por asomo, fiscalizaron ni PSPV, ni Compromís. En estos casos los guardianes de la ética pública hicieron mutis por el foro. Sin embargo y sobre el caso del President, que no huele a enchufe ni a privilegio sino a normalidad administrativa, aquí lo que ha fallado ha sido el asesoramiento, una vez más. Un procedimiento habitual y un traslado regulado pueden respetar la norma pero las leyes de la polarización política y la oportunidad del contexto se escriben con renglones torcidos. Pese a que es de manual el doble rasero moral, propio del Botànic, la pléyade "asesoril" que rodea al President debería haberle alertado del peligro porque la sospecha tiene las patas más largas que los hechos. Salvo que el episodio se convierta en un "caso", por suerte o por desgracia en la política actual el escándalo de hoy tapa al de ayer y quizás el ciudadano ya sepa distinguir entre la irregularidad y el teatro.

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