Exaspero en las “listas de espera”
El estado de ánimo de los usuarios de la sanidad pública ha pasado de la preocupación a la resignación

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Prepárense para un viaje alucinante a través de laberintos burocráticos y plazos de espera que desafían la lógica y la propia noción del tiempo. La gestión de la sanidad pública valenciana ha conseguido algo que parecía imposible en una sociedad hiperconectada y de satisfacción inmediata: ralentizar el tiempo hasta límites críticos que rozan el desespero. ¡Hay que vivirlo!
El periplo del paciente medio comienza en su centro de salud. O más bien, comienza intentando conseguir una cita con su médico de familia a través de una aplicación esperando que no se colapse, o que el teléfono suene. Y sí solo pretende actualizar la medicación con su médico por teléfono, porqué el farmacéutico lógicamente se lo exige, una voz le para, le interroga, y le da cita con tiempo por delante, afirmando: “la atención telefónica es lo mismo que una cita”. Vaya, es lo último. Ella hierática y él a protestar, o a esperar a la cita, o someterse a la voluntad del farmacéutico.
Una vez superado este trámite casi iniciático que es conseguir la cita en el ambulatorio, el médico, con una profesionalidad que roza el milagro dadas las condiciones, al escucharle y examinarle puede apreciar que algo no va bien; después de medicarlo, le dice que tiene que pasar por analítica, radio o resonancia…y solicita una nueva cita. Días que pasar; puede alcanzar el mes hasta que reciba él los informes. Y sí con su lectura percibe la necesidad de contar con la opinión de un especialista, solicita cita respondiéndole: “ya le avisaran, este atento al teléfono o a un SMS”
Y aquí es cuando la máquina del tiempo se activa. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publicaba una encuesta que, lejos de sorprender, revelaba ese dato: “la Comunitat Valenciana se sitúa entre las regiones con mayor demora para una consulta con el especialista, con una espera media de 148 días”. Ciento cuarenta y ocho días. Casi cinco meses. El tiempo suficiente para que un bebé empiece a gatear, para cambiar de estación o para que un simple dolor de espalda, de cadera, o una fascitis, se convierta en una relación tóxica de la que no puedes huir.
Si la consulta del especialista es un ejercicio de abstracción temporal, la lista de espera quirúrgica es una muestra de realismo mágico. El paciente, una vez superada la visita con el especialista -si es que aún recuerda el motivo de esta-, pasa a engrosar una lista de espera estructural sí así él lo decide y la dolencia lo exige. Es decir, una espera explicada y justificada con que: “es culpa de la organización y los recursos disponibles", que viene siendo como decir que es culpa de la meteorología.
Según los datos disponibles de la Conselleria de Sanidad, buena parte de los 72 mil valencianos pendientes de una operación o intervención quirúrgica son de traumatología; las fechas que dan en los principales hospitales asustan: 139 días en La Fe -cuatro meses y medio- 125 en el General de Valencia -cinco meses- y 125 en Elche -cinco meses- Unos plazos más que suficiente para que la ansiedad y la incertidumbre se conviertan en las únicas compañías de viaje.
Ante este panorama, el estado de ánimo de los usuarios de la sanidad pública ha pasado de la preocupación a la resignación, y de la resignación a un enfado sordo que se nota en las conversaciones de sobremesa, en las colas del supermercado y, cómo no, en las propias salas de espera de los hospitales. Un enfado que es directamente proporcional al aumento de las listas.
Muchas veces, los datos oficiales y los que percibe la OCU difieren —lo que la OCU llama "enormes diferencias"—, pero el paciente se pregunta quién miente o, en el mejor de los casos, quién contabiliza mal. Porque no es lo mismo esperar 90 días para que te atienda un especialista a esperar 150. No es lo mismo que te digan que estás en la media a saber que, en la práctica, puedas estar abandonado a tu suerte.
Cuando lo que se espera es una solución a un problema de salud, la moratoria no es una virtud, es un fracaso. Y en la Comunitat Valenciana, los problemas no resueltos en gestión sanitaria ya no son noticia, es el ruido de fondo que acompaña el día a día de los atrapados en las múltiples “listas de espera”. Sumen ustedes el tiempo completo de las citas: ambulatorio + pruebas + especialista + intervención quirúrgica + hospitalización… y entenderán que vamos para largo. Queda, eso sí, colapsar las salas de urgencias y saltarse parte del proceso; pero aún ahí el enfado colectivo persiste, impulsando cierta espiral de promesas incumplidas. Y son conocidas sus consecuencias políticas, una alerta que no debería pasar desapercibida