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Cuando La Sexta acosaba a Rita Barberá en su casa y la izquierda que critica a Vito Quiles aplaudía

El PSOE sanchista se ha lanzado en tromba contra el comunicador por el episodio con Begoña Gómez, pero jaleaban cuando programas como El Intermedio hasta perseguían a la exalcaldesa de Valencia en el portal de su domicilio

Rita Barberá grabada en la puerta de su casa y Vito Quiles en el incidente con Begoña Gómez

Rita Barberá grabada en la puerta de su casa y Vito Quiles en el incidente con Begoña Gómez

Enrique Martínez Olmos

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La indignación de la izquierda suele ser proporcional a la conveniencia del momento. Lo que ayer era periodismo valiente cuando programas como El Intermedio de La Sexta acosaban a políticos del PP como Rita Barberá, hoy es acoso ultra intolerable si preguntan a Begoña Gómez en una cafetería. Y lo que antes se aplaudía con entusiasmo, como programas como Caiga Quien Caiga, ahora se denuncia con dramatismo institucional. El último episodio con Vito Quiles ha vuelto a dejar al descubierto esa curiosa doble vara de medir del PSOE y la izquierda en general.

El episodio de Vito Quiles con Begoña Gómez, derivado en denuncias cruzadas por agresión y con la amiga de la mujer de Pedro Sánchez persiguiendo y haciendo un mataleón al comunicador en una escena propia de Berlanga, ha activado una respuesta en cadena del sanchismo con la consigna desde Moncloa. Ministros, dirigentes del PSOE y opinadores afines han salido en tromba a condenar lo ocurrido, calificando el comportamiento de Quiles como “intolerable”, “violento” o directamente incompatible con el periodismo. Algunos incluso han ido más allá, deslizando que este tipo de actitudes deberían tener consecuencias de cárcel o diciendo que “no estaría vivo en EEUU” como ha soltado Sarah Santaolalla en TVE. El problema llega cuando entra en juego la hemeroteca, ese archivo implacable para el sanchismo, y se les recuerda lo que hacían con políticos como Rita Barberá y ellos aplaudían.

Cuando las cámaras de La Sexta o del CQC de Telecinco seguían de forma insistente a políticos del PP, la reacción de la izquierda era bien distinta. El caso más evidente es el de Rita Barberá, que fue objeto de una presión mediática constante por parte de programas como El Intermedio del Gran Wyoming: reporteros apostados durante horas en la puerta de su casa, persecuciones a pie de calle o al entrar y salir de su domicilio, imágenes captadas incluso en momentos de absoluta intimidad cotidiana como grabarla cuando se asomaba por la ventana. Entonces, para la izquierda y el PSOE que se rasga las vestiduras por Vito Quiles esto era periodismo.

Aquello incluso era celebrado como un ejercicio de fiscalización periodística, era el famoso “hay que preguntar”, aunque la línea entre preguntar y perseguir se difuminara peligrosamente. Ahora, sin embargo, ese mismo tipo de prácticas si las hace Vito Quiles a Begoña Gómez, y sin la décima parte de insistencia con la que se la practicaron a Rita Barberá, se reinterpreta por la izquierda y el PSOE sanchista como una amenaza a la convivencia democrática. La diferencia, claro, no está en el método, sino en el objetivo: cuando el foco cambia de un político del PP a figuras cercanas al Gobierno de Sánchez, entonces ya no interesa. Al final, para la izquierda, la cuestión no es si ciertos comportamientos deben tener límites, sino que para ellos esos límites sólo deben aplicarse cuando les afecta. Si es para ir contra el PP, entonces manga ancha. 

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