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¿Quién dijo miedo? Silencio en Atenas, el Valencia gana (87-91) al PAO

En una noche de dominio, vértigo y resistencia, el equipo de Pedro Martínez supo imponerse durante casi todo el partido, sobrevivir cuando el Panathinaikos lo empujó al límite y encontrar, en medio del caos final, la sangre fría necesaria para conquistar el OAKA y alargar su vida en la serie

Montero de nuevo máximo anotador de Valencia Basket.

Montero de nuevo máximo anotador de Valencia Basket.

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Publicado por
Javier de Ramón

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Hay noches que pesan antes de empezar. Noches que no empiezan cuando el balón sube al aire, sino mucho antes, en el silencio del vestuario, en las miradas que evitan admitir lo evidente. Valencia Basket llegó a Atenas con la espalda contra la pared, con dos derrotas a cuestas y con la sensación de que todo podía acabarse en apenas cuarenta minutos, son noches donde no se juegan, se sobreviven.

El Valencia Basket llegó al OAKA con todo en contra. El marcador de la serie, el ambiente, el rival, la lógica. Todo invitaba a pensar en un final. En uno de esos cierres inevitables que no necesitan explicación. Pero a veces el deporte no entiende de lo inevitable. A veces, simplemente, alguien decide quedarse. Y Valencia decidió quedarse.

El partido comenzó con una idea clara, ganar. Montero asumió el pulso desde el principio, manejando cada posesión con calma, no aceleraba, no forzaba, no improvisaba. Elegía.

El primer cuarto fue eso: una idea en la cabeza, ganar. Un 18-24 que no decía todo lo que estaba pasando. Porque más allá del marcador, Valencia ya estaba más cómodo. Ya había encontrado su sitio. Y Panathinaikos, sin hacer ruido, empezaba a perder el suyo.

El segundo cuarto sin un Valencia brillante, pero sólido, castigaba cada error, y sumaba con diferentes jugadores. Badio aparecía, Costello sostenía, Thompson acompañaba. Y el marcador crecía, poco a poco, pero de forma constante. Como resultado al descanso el 39-52, que ya no era una sorpresa sino una consecuencia de lo visto en los primeros veinte minutos. no fue una sorpresa. Valencia estaba mandando en Atenas.

Tras el paso por vestuarios, el partido entró en un punto en el que todo puede cambiar… si alguien lo provoca. Y durante unos minutos, cuando parecía que podría repetirse lo de los dos primeros partidos el Valencia siguió jugando como en los dos primeros cuartos, sin ansiedad, sin miedo, sin concesiones. Y mientras el Panathinaikos buscaba respuestas, el conjunto de Pedro Martínez seguía acumulando certezas. La ventaja creció hasta rozar el límite de lo impensable. Diecinueve puntos. Pero los partidos no terminan cuando lo parece. El tercer cuarto se cerró con 66-75. Valencia seguía arriba, sí. Pero ya no con la misma firmeza. Había dudas, pequeñas al principio, pero suficientes para terminar el sueño en Atenas, pero todo cambio en el último cuarto.

Valencia había dominado durante más de treinta minutos. Había jugado mejor, había entendido mejor el escenario. Pero en el baloncesto, como en la vida, no siempre gana quien lo hace todo bien. A veces, gana quien aguanta cuando todo empieza a salir mal. Y a pesar que el PAO cambio el ritmo, adelanto su defensa, empezó a encontrar tiros que entraban, con la grada encendida, con el Valencia atascado durante varios minutos sin encestar, con el pabellón en contra, y en ese momento el Valencia empezó a sentir el miedo, con posesiones que ya no eran claras, con tiros que se fallaban, la duda, y con ella el PAO a tres puntos. De control absoluto a final incierto.

Y entonces, cuando el partido ya no era baloncesto sino tensión, llegó el momento de decidir, el momento de recordar lo pasado en Valencia, donde ya no hay sistemas, no acciones perfectas, solo nervios, errores, resistencia, y en ese momento el PAO tuvo sus oportunidades, tiros para empatar, para dejar al Valencia en la orilla, para culminar la remontada, pero esta ver no, no hubo remontada. El Valencia, sin jugar bien, sin dominar ya nada, seguía ahí. En pie. Y de nuevo un final de pocos segundos, después de treinta nueve minutos dominando, de nuevo en el filo. Esta vez le tocaba a Badio que tenía que ir a la línea de tiro libre, con un pabellón en contra, lanzó, anotó y falló, era lo que se necesitaba, porque el tiempo ya no daba para más, y el marcador reflejaba el 87-91 final.

Valencia no celebró como quien gana. Celebró como quien no cae. Había sido mejor durante muchos minutos. Había sufrido cuando el partido se rompió. Había estado a punto de perderlo todo. Pero no lo perdió. La serie sigue, el Valencia sigue, y eso significa que seguimos soñando.

Estadísticas

PANATHINAIKOS AKTOR ATHENS (87): Osman (10), Hayes-Davis (15), Grant (4), Nunn (13), Lessort (4) -quinteto inicial- Kalaitzakis (0), Shorts (17), Rogkavopoulos (16), Faried (4), Grigonis (0), Hernangómez (4) y Mitoglou (-).

VALENCIA BASKET (91): Badio (16), Taylor (14), Montero (16), Sako (3), Costello (8) -quinteto inicial- Puerto (8), Pradilla (0), Thompson (12), Reuvers (4), De Larrea (6), Key (4) y Nogues (-).

Parciales: (18-24 / 21–28 / 27-23 / 21-16)

Máximo anotador del partido: T. Shorts (17)

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