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El silencio que ya no cabe en las aulas

La manifestación de profesores en Valencia cierra la primera semana de huelga indefinida en la Comunitat Valenciana.

La manifestación de profesores en Valencia cierra la primera semana de huelga indefinida en la Comunitat Valenciana.ROBER SOLSONA/EUROPA PRESS

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Hay días en que una sabe, nada más cruzar la puerta del cole, que algo se ha roto por dentro. No es un día concreto. Es el goteo: la baja que no se cubre, el aula que pide a gritos otra maestra de PT, el pasillo del cole que sigue resquebrajado meses después de la dana, la nómina que llega siempre igual mientras la compra del súper no para de subir.

Ese silencio acumulado es el que el lunes 11 de mayo salió a la calle. La educación pública valenciana vive desde ese día su primera huelga indefinida desde 1988, con unos 78.000 docentes de Infantil, Primaria, ESO, Bachillerato y FP llamados a secundarla. Y lo escribo desde dentro: como maestra, como preparadora de opositoras, después de veinte años pisando aulas en esta Comunitat.

40 medidas, no un capricho

El paro se articula en torno a un acuerdo unitario con 40 medidas dirigidas a la Conselleria de Educación. La convocatoria está impulsada por STEPV, CCOO, UGT y CSIF, con el apoyo de ANPE. No es una lista improvisada: es un documento trabajado que pone negro sobre blanco lo que llevamos años diciendo en las salas de profesores.

En el centro está la reducción de ratios como objetivo a medio plazo, el refuerzo de plantillas, la cobertura inmediata de bajas, más especialistas de PT y AL, la reconstrucción urgente de los centros golpeados por la dana, una bajada real de la carga burocrática y la recuperación salarial. Porque desde 2007 el profesorado valenciano ha acumulado una pérdida de poder adquisitivo cercana al 20 por ciento. Y según el informe de UGT, los docentes valencianos figuran quintos por la cola de toda España, junto a Asturias, Cataluña, Extremadura y Aragón. No es una sensación: es una tabla.

Lo que pasó el jueves en la mesa

El pasado jueves, 14 de mayo, en plena cuarta jornada de huelga, sindicatos y Conselleria volvieron a sentarse. Más de tres horas de negociación con un documento de preacuerdo que recoge siete apartados —ratios, burocracia, infraestructuras, plantillas, valenciano, inclusión y FP— pero que deja fuera las retribuciones. Siete bloques sin sueldo. Una propuesta que las organizaciones sindicales han calificado, con un consenso poco habitual, de claramente insuficiente.

Hay avances: 135 plazas adicionales de Audición y Lenguaje, apertura de al menos 36 aulas UECO con ratio de ocho alumnos a partir del curso 2027-2028, trece medidas de simplificación burocrática, un plan de confort térmico. Sería injusto negarlo. Pero todos los sindicatos coincidieron en que sin propuesta salarial no hay acuerdo posible. La subida que la Conselleria planteó en una mesa anterior, progresiva y plenamente efectiva a finales de 2029, fue calificada de “irrisoria” e “indignante” por su cuantía y su calendario diferido. La próxima reunión está fijada para este lunes 18 de mayo. Hasta entonces, la huelga sigue.

Lo que no se ve desde fuera

Detrás de cada porcentaje hay vidas concretas. Maestras que aguantan cursos enteros sin cobrar el verano. Compañeros de centros dana dando clase con humedades en las paredes. Tutoras de PT con casos imposibles. Familias que llevan meses esperando una valoración. Y opositoras —porque también las acompaño cada día— que se preparan sin saber muy bien qué Comunitat se van a encontrar cuando aprueben.

No escribo esto para tomar partido. Escribo porque detrás de la palabra “huelga” hay algo que a veces se olvida: una vocación que sigue intacta a pesar de todo. Maestros que se levantan cada mañana eligiendo el aula. Docentes que conocen el nombre, la historia y los silencios de cada uno de sus alumnos. Una profesión hecha de entrega que pide, por una vez, que se la escuche entera.

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