La PAU: el error que cometemos las familias la semana de antes
Los adolescentes no necesitan que se les recuerde lo importante que es la PAU. Lo saben. Necesitan, justo al revés, que alguien les transmita que la PAU es importante pero no es definitiva.

Alumnos antes de comenzar el examen de la PAU, en imagen de archivo.
Esta semana, en miles de casas valencianas, se está librando una batalla equivocada. El martes 2, miércoles 3 y jueves 4 de junio se celebra la PAU, y la mayoría de familias han decidido, sin darse cuenta, que los días previos son suyos. Que toca acompañar, supervisar, recordar, repasar. Que toca estar encima. Y ese, precisamente, es el error.
La última semana antes de la PAU no se aprueba estudiando. Se aprueba descansando, comiendo, durmiendo y, sobre todo, callándose. Lo que un estudiante de segundo de Bachiller no sabe a estas alturas, ya no lo va a aprender. El temario está dentro o no está.
Lo que sí puede ganar o perder esta semana es algo mucho más decisivo: la cabeza. Y la cabeza no se entrena con un repaso más a las once de la noche. Se entrena con sueño, con rutina, con silencio en casa y con la sensación de que el mundo no se acaba el jueves a la una de la tarde.
La pregunta que más daño hace esta semana no es la del examen. Es la de la cocina. "¿Has repasado matemáticas?". "¿Te has mirado el comentario de texto?". "¿No deberías estar estudiando en vez de mirando el móvil?". Cada una de esas frases, dicha con todo el amor del mundo, es una pequeña fuga de energía en una cabeza que necesita estar entera el martes por la mañana. Multiplíquese por los días que quedan y entenderemos por qué tantos adolescentes llegan al primer examen ya agotados antes de empezar.
El error no es preocuparse. El error es confundir preocuparse con intervenir. Acompañar no es vigilar. Estar no es preguntar cada media hora. Y querer ayudar no siempre es ayudar. La PAU de este año llega además en un contexto excepcional. Desde el 11 de mayo, una huelga indefinida del profesorado ha tensionado la recta final del curso y ha generado, en muchas familias, una inquietud añadida: ¿quién corregirá los exámenes?
Conviene decirlo con claridad para rebajar la ansiedad de quien lea esto: los tribunales de corrección de la PAU están constituidos desde hace meses. Son voluntarios, mixtos entre profesorado universitario y de secundaria, y su designación se cerró mucho antes de que comenzara el conflicto. Los exámenes se corregirán entre el 5 y el 10 de junio y las notas se publicarán, según el calendario oficial, el 12 de junio. Esa preocupación, al menos, puede quitarse de encima.
La otra, la importante, sigue intacta. Y es la que tiene que ver con qué tipo de casa se monta esta semana. Propongo un ejercicio incómodo. Bajar el volumen. Bajar las expectativas verbalizadas. Bajar las comparaciones con el primo, con la vecina, con la hija de la compañera de trabajo. Subir, en cambio, las horas de sueño, las cenas tranquilas, los paseos cortos, el silencio respetuoso cuando el chaval o la chavala se encierra en su habitación y no se sabe si está estudiando, llorando o mirando vídeos. Probablemente sea una mezcla de las tres, y las tres son necesarias.
Los adolescentes no necesitan esta semana que se les recuerde lo importante que es la PAU. Lo saben. Llevan dos años sabiéndolo. Necesitan, justo al revés, que alguien en casa les transmita que la PAU es importante pero no es definitiva, que una nota no decide quiénes son, y que pase lo que pase el jueves al mediodía, en casa van a seguir siendo recibidos con el mismo cariño que el lunes por la mañana.
La madurez de un adolescente se mide muchas veces por cómo gestiona la presión. La de los adultos que lo rodean, por cuánta presión son capaces de no añadir. Les queda una semana. A ellos, para hacer el examen. A las familias, para hacer algo mucho más difícil: estar sin estorbar.