La marea amarilla logra la mayor bajada de ratios de la historia
Las educadoras que nadie tomaba en serio acaban de cambiar la historia de la educación infantil en España

Marea amarilla
Hay victorias que llegan después de años de gritar en el desierto. Esta es una de ellas. Esta semana el Ministerio de Educación ha puesto sobre la mesa de los sindicatos la propuesta de bajada de ratios en el primer ciclo de Educación Infantil más ambiciosa que se recuerda en España: pasar de 8 bebés por educadora en el tramo de 0 a 1 año a solo 4. De 14 niños en el tramo de 1 a 2 años a 6. De 20 criaturas de 2 a 3 años a 8. Números que, escritos así, parecen una obviedad. Porque lo son. Porque siempre lo fueron.
Detrás de esta propuesta hay un movimiento que durante meses muchos despacharon con condescendencia: la Marea Amarilla. Educadoras infantiles — mayoritariamente mujeres, mayoritariamente precarias— que el pasado 7 de abril iniciaron una huelga indefinida en la Comunidad de Madrid impulsada por la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles. Una huelga que el 7 de mayo se convirtió en histórica: por primera vez, todo el sector 0-3 salió junto a la calle en todas las comunidades autónomas.
También en la Comunitat Valenciana, donde la fatiga era la misma y las demandas, idénticas. “No somos guarderías, somos escuelas”, repetían. Y tenían razón. Lo que pedían no era ningún capricho. Era poder atender a los niños como merecen. Cambiarles el pañal sin dejar a otros siete bebés llorando solos. Estar presente emocionalmente cuando un niño de dos años echa de menos a su madre. Cosas que suenan a sentido común y que, sin embargo, durante décadas el sistema convirtió en un lujo imposible. La propuesta del Ministerio —que se aprobará por decreto y no necesita tramitación parlamentaria— también mejora lo que tenía sobre la mesa la Conselleria valenciana, que hasta ahora solo contemplaba tocar el tramo de 2 a 3 años, sin entrar en los bebés más pequeños. Con esta nueva propuesta estatal, la CV sale ganando.
Queda pendiente lo más importante: la financiación. Porque de nada sirve fijar ratios en un papel si no hay plazas, ni presupuesto, ni personal suficiente para cumplirlas. Las propias organizaciones sindicales ya advierten que sin dinero real estas medidas serán papel mojado. Y llevan razón también en eso. Pero hoy toca reconocer lo que ha pasado. Un sector feminizado, precarizado y ninguneado durante décadas ha conseguido lo que ningún lobbista, ningún partido y ningún informe técnico había logrado mover: que el Ministerio se siente, escuche y proponga. Con nombres y apellidos. Con números concretos.
A veces las revoluciones no vienen de los despachos. Vienen de las aulas. De las mujeres que un día decidieron que “no podemos más” era el punto de partida, no el final. Bienvenida, marea amarilla. Os debíamos este reconocimiento.