Algo habrá que hacer
Por todo se discute, en nada se coincide.

El presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca
Vamos ya adentrándonos en un septiembre que climáticamente no se despega de agosto como si el verano hurtara darle su entrada natural al otoño. Para la Comunidad Valenciana ha sido más bien rentable porque los turistas llegados, aunque con un gasto por día/estancia similar al ejercicio anterior, mejoran nuestras arcas públicas y haciendas privadas gracias a un mayor número de visitantes. Lo cual demuestra que las infraestructuras del sector (turístico y afines) están perfectamente engrasadas y preparadas para un rendimiento aceptable con sobrecarga.
Con la excepción de los incendios, este estío casi todas las noticias adversas nos llegan de fuera: invasión de Ceuta e intentos de asalto en Melilla; crisis del petróleo en el estrecho de Ormuz (repercutiendo en nuestra cotidianidad del gasto: desde la cesta de la compra a llenar el depósito en las gasolineras, o el recibo de la luz que ya nos aventuran de récord al alza para los próximos meses); pero sobre todo miedo, un intangible miedo a una confrontación directa con Marruecos (aunque nos sepamos superiores militarmente, nadie duda que habría muertos); un Gobierno Central inane por mor de un presidente incapaz de plantearle cara al ladino Mohammed VI muy capaz él de mandar a sus “humildes” súbditos, incluidos los/as menores al destierro forzoso, iniciado en una playa emporcada por detritos de indiscriminada acampada, con agresiones palo y cuchillo en mano, violaciones sexuales tanto dan muchachas o muchachos, sed y hambre que serían intolerables por infrahumanas, hasta la agresión y robo por la fuerza de la desesperación, de no estar medianamente paliadas por la Cruz Roja, y algunos ceutíes caritativos, pero con la oposición firme y directa de otros paisanos arguyendo como sólo el ansia fisiológica no satisfecha (hambre pura y dura) les haría volver a su país.
¿Caben 2000 marroquíes en una Comunitat Valenciana que se acerca a los 300.000 parados (exceptuando el paréntesis veraniego con contratos de corta duración)? Posiblemente quepan, entre otras y forzosas razones porque aceptarían los trabajos más ingratos e indeseables para los propios valencianos, y a unos sueldos pagados subrepticiamente a la baja que sólo les permitirá el hacinamiento paupérrimo en condiciones sórdidas inadmisibles para cualquier ciudadano de la Europa comunitaria, la cual, y por cierto, no quiere saber nada del problema porque prevén que un número considerable de inmigrantes exasperados podría atravesar los Pirineos de forma inmediata. Así pues: no es de extrañar el resultado de las elecciones en Sajonia (Alemania) con el rotundo y avisador triunfo de una ultraderecha dispuesta a expulsar a cualquier norteafricano sin papeles, incluso si provienen de Turquía. Es más, ya han advertido que ni el resto de las grandes regiones confederadas alemanas (lands) y, por supuesto cualquier país de la UE, les traslade el problema de la héjira africana.
Claro que la distribución de inmigrantes llegados desde Ceuta y aventurados en pateras es una “cuestión nacional” del Estado español únicamente resoluble gracias a un pacto entre el gobierno central de socialistas y adláteres nacionalistas y social-anarquistas, quienes ya han empezado a disentir públicamente de las tesis de Pedro Sánchez, y al otro extremo de la mesa negociadora, la mayoría de las comunidades autónomas regidas por los populares. O sea: peor imposible. Hemos saltado de las diferencias políticas, obligadas en todas las democracias occidentales, a las animadversiones personales tan propias de nuestro carácter virulento cuando nos sangra la pupila y el adversario político se convierte en enemigo a exterminar. Por todo se discute, en nada se coincide. Resulta inconcebible que el presidente del gobierno no haya llamado a la cabeza visible de la oposición para ofrecerle un pacto de Estado, previo consenso y análisis mutuo, tan necesario en una situación de emergencia como la que vivimos.
Hoy nos hemos desayunado con la encuesta del periódico El País, nada sospechoso de antigubernamental (todo lo contrario), donde preconiza una rotunda derrota de la izquierda, mientras el PP se acerca a la mayoría absoluta, aunque todos sabemos que Vox le daría los votos necesarios con tal de que la izquierda no vuelva a La Moncloa. Y otro tanto pasa en un posible adelanto electoral en la Comunidad Valenciana, donde se intenta sembrar la disparidad entre los mismos votantes del centro derecha, arguyendo que Pérez Llorca tiene serios rivales para encabezar la lista presuntamente ganadora: que si el redivivo Paco Camps, que si el europeísta González Pons, que si Catalá la alcaldesa de Valencia presionada por Génova 13, que si Mompó, ese verso suelto y presidente de la Diputación valenciana… Simples y tontas maniobras de distracción cuando ni ellos mismos tienen muy clara su candidatura con una Diana Morant que acaba de caer del paracaídas madrileño, se supone que para seguir viviendo del erario público, aunque sea como portavoz de la oposición en las Corts.
Ante esos pronósticos, el ciudadano medio de la Comunitat, empezando por quienes han votado indistintamente en anteriores elecciones, se pregunta: “qué hacer”, si quedarse como estamos, asumiendo la “cuota mora” (tampoco parece desbordante), o tomar la papeleta, o papeletas, de una izquierda en decadencia vertical. “El poder desgasta, pero desgasta más la oposición”, la famosa frase de Giulio Andreotti le viene como argolla al cuello al Partido Socialista del País Valenciano, mientras que a los nacionalistas ya no les sopla el fuelle del separatismo, y los podemitas saltaron de las barricadas a los despachos públicos.
Tengo para mí (perdonen la redundancia) que habrá Pérez Llorca para rato, sobre todo desde su última negociación con Feijóo exigiendo que, no pidiendo, pactar la próxima lista (respetando lo posible las cuotas comarcales), pero desde cierta posición de prevalencia por parte de quien mejor conoce su terreno.