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Fernando García Bonet

No son modos, ni modales. O, sí lo son

Tenemos derecho a exigir unos mínimos de madurez y de cortesía a nuestros representantes políticos. Un nivel.

El diputado Gerad Fullana discute con el vicepresidente de la Cámara Alfredo Castelló, durante un pleno.

El diputado Gerad Fullana discute con el vicepresidente de la Cámara Alfredo Castelló, durante un pleno.Corts Valencianes

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Empezaré suave, recordando la definición matemática de ambos conceptos. Por modo se entiende: el valor o número que aparece con mayor frecuencia en un conjunto de datos. Y por modal: el adjetivo que acompaña a otros términos para referirse a la categoría o intervalo donde se encuentra esa frecuencia máxima. Sin necesidad de ir al Rey Pastor.

Así que el episodio de un diputado de Compromís, obstruyendo a cuerpo exhibido el paso de la consellera de Educación, Cultura y Universidades viene a introducir una variable de certeza en el enigma del titular a la gallega.

El comportamiento chulesco y no exento de machismo barato con el que el Sr. Fullana trató a la consellera, tiene ilustres antecedentes gráficos en las camisetas del Sr. Grezzi azotando a la alcaldesa Rita Barberá y a sus múltiples scraches. Luego tal vez no es infrecuente. Convendría indagar en un período de tiempo acotado -por ejemplo este último mandato ya en recta final- para ver si definitivamente alcanza la mayor de las frecuencias. En una mirada distraída hacia un buen número de las intervenciones de Compromís en el hemiciclo, se aprecian indisimulados indicios de altanería, acrecentados en alguna ocasión si el oponente era mujer.

Así que por este camino se podría llegar a afirmar que ese comportamiento chulesco y en ocasiones vulgarmente machista de algunos diputados de Compromís de las Cortes Valencianas, es modal. Porque se da con demasiada frecuencia.

A la imprudente acusación de desprecio a las universidades valencianas, a la que injusta e inciertamente sometió la ministra Diana Morant a la consellera María del Carmen Ortí, se suma ahora este comportamiento vergonzoso del que informó ESdiario de inmediato.

Pero lo cierto es que hemos tenido cumplida noticia de la actividad desplegada días atrás en China, asistiendo a la inauguración del Campus Internacional Beihang Valencia Polytecnich Institute y acompañando al Vicepresidente José Díez en negociaciones de extensión de colaboraciones académicas que sigan la estela de éxito de lo emprendido por la UPV. Como la hemos tenido después de una vertiginosa agenda oficial de permanente cercanía a la ciudadanía y en particular al rico entramado cultural valenciano.

Lo cierto es también, que la consellera acumula en su hoja de servicio una extensa trayectoria de responsabilidad y gestión eficiente. Y a ojos de este cronista, ha adquirido una firmeza desde su nombramiento, que es producto de la solidez de su base y preparación. Un conocimiento profundo de la escuela en la Comunidad Valenciana. Y con un buen equipo para desarrollarlo.

El empecinamiento de la izquierda valenciana en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Acrecentado por el fenómeno de la alcachofa radiofónica o la cámara de tv y la improvisación atolondrada. Es, cuanto menos, cansino. Tal vez han hecho de la consellera Ortí objeto de buen número de sus iras, al descubrir su firmeza y su capacidad de trabajo.

Y tal vez, desde su toma de posesión -ya fuera con la lengua, con la educación, con el plan Edificant- no le han dado ni un respiro, de manera que podríamos aventurar que se trata de una actitud modal.

Pero permítanme confesar: yo sigo creyendo honestamente que estos no son modos ni modales y que tenemos derecho a exigir unos mínimos de madurez y de cortesía a nuestros representantes políticos. Un nivel. So pena de seguir alimentando esa desafección que acaba conduciendo a las autocracias.

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