Pepe Gotera y Otilio
Persiguiendo un "entorno sospechoso", los de la Tienda del Espía han dejado tantas pistas que cualquier conspiracionista pensaría en una cortina de humo

El portavoz socialista, José Muñoz, con un caja de cartón vacía, durante el debate del estado de la Comunidad
Empiezo por la posdata. Ni los Pepe Gotera y Otilio de Ibáñez hubieran pergeñado el serial de Superagente 99 que envuelve el llamado "Dossier Llorca". Persiguiendo un "entorno sospechoso", los de la Tienda del Espía han dejado tantas pistas que cualquier conspiracionista pensaría en una cortina de humo. La mano que mece la cuna a los mandos, los rivales haciendo mutis por el foro y dejándose querer -él o ella-, con diputados y senadores haciendo de correo. Los de Dalport ejecutando la maniobra y en Génova comprando la mercancía averiada. ¿Qué podía salir mal? Y eso que en la sala de máquinas del President no está "El mago del Kremlin".
Precisamente la magistral "El mago del Kremlin" se puede ver ahora en una plataforma digital y se inspira en las experiencias reales de Vladimir Putin a principios del siglo XXI de la mano de Vladim Baranov, el cerebro de los pasos iniciáticos del premier ruso. En un momento dado Putin confiesa que quiere recuperar el espíritu vertical del poder en la Unión Soviética tras los desastres de Gorbachov o Yeltsin y que hay volver al "Padrecito". Recuerda el invasor de Ucrania -y esta es la cuestión- que "Koba" Stalin ordenó fusilar al director de los ferrocarriles de la federación por un accidente en los trenes por una razón: al pueblo hay que darle un culpable para que se desfogue en su furia.
Pedro Sánchez le ha dado al pueblo no una víctima, sino un motivo: la vivienda. Pero a través de un truco de prestidigitación, un trampantojo, una coartada, una "maricarmen". Frédéric Bastiat, liberal y con sentido del humor, distinguía en política entre lo que se ve y lo que no se ve. Lo que se ve esta semana es una mujer de 87 años desahuciada y un decreto que ya lleva su nombre, una acampada Cumbayá en Madrid y centenares de jóvenes, mayormente, en la Puerta del Sol con riesgo de hacer metástasis en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia o en Calvo Sotelo, en Alicante. Lo que no se ve son las casas que nadie construyó mientras tanto. No dudo del drama de la mujer desahuciada. De quien dudo es de quien con ocho años de Gobierno, en Moncloa o en el Botànic, descubren la emergencia habitacional cuando la pancarta se la pone delante de la cámara. El drama es real. La procesión, también. Lo que no siempre coincide es el propósito de uno y de otra.
El diagnóstico está hecho y no es ideológico. Fernando Cos-Gayón, director de la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la UPV, lleva años sosteniendo que el desequilibrio entre oferta y demanda es brutal y que ni los pisos vacíos ni los turísticos pesan más que de forma residual. Sus cifras no admiten poesía: a cierre de 2025 quedaban 137 viviendas nuevas en toda la ciudad de València, y el último informe sitúa la obra nueva en 4.500 euros el metro cuadrado. La vivienda, resume, ya no cabe en la ciudad y la demanda se desplaza al área metropolitana. Hay más, aunque nadie quiera verlo: la realidad demográfica. En España han llegado en los últimos millones de nuevos españoles, como quieran llamarlos. Y sin embargo solo se han construido una media de 90.000 viviendas al año. Hagan cuentas. Si, el precio de la vivienda también tiene que ver con la inmigración, por eso el campamento de F1 está lleno de argelinos, saharauis, marroquíes y ojo, valencianos con empleo que no les llega para mantener un alquiler. Un equipo de La 8 los entrevistó este lunes. Lo del poblado del circuito tiene que ver... con la inmigración, con el problema demográfico y con la escasez de vivienda. Cuando Cos Gayón apuntó a que acabaríamos viendo chabolas de nuevo poco menos que clamó en el desierto. Ahora el tiempo le da la razón.
En este país, a veces el propietario que no cobra parece más sospechoso que el inquilino que no paga. Así que déjense de acampadas y saraos y pónganse a trabajar
Luego está el negocio. Pero vamos a ver, ¿qué negocio? La vivienda es una industria, operada por empresas, que vincula a decenas de sectores profesionales -arquitectos, urbanistas, azulejeros, siderúrgicos, áridos, marmolistas....- que deben ganar dinero, pues claro. Sin beneficio no hay empresa, ni empleo, ni impuestos, ni economía. La única verdad es que no hay vivienda protegida, hasta ahora, porque no sale a cuenta construirla. Porque con falta de mano de obra, encarecimiento de materiales, del suelo por las nubes... A ver quien la hace. Más gente, menos metros cuadrados por cabeza, precios al alza. Y encima se castiga al que ofrece piso. Assar Lindbeck, economista sueco nada sospechoso de derechista, sostuvo que el control de alquileres era, tras el bombardeo de la II Guerra Mundial, el método más eficaz para destruir una ciudad. Ahora, con el decretazo, quieren perseguir al propietario si el inquilino, okupa o inkiokupa, no paga. ¿En serio? También quieren limitar los alquileres. Y claro, así, cada vez los propietarios sacan menos pisos al mercado. Si intervienes el mercado, encareces precios, no al revés. Cos-Gayón lo dice sin bombas: legislar desde el miedo al propietario no protege al inquilino, lo expulsa del sistema. En este país, a veces el propietario que no cobra parece más sospechoso que el inquilino que no paga. Así que déjense de acampadas y saraos y pónganse a trabajar. El Consejo de Ministros ha aprobado el martes el decreto -o mejor dicho, dos-, pero su convalidación depende de un acuerdo con Junts y Podemos que aún no está cerrado, y del articulado, por ahora, nadie sabe nada. Maricarmen necesita un techo, y al parecer ya lo tiene. Pero lo mollar es que el país, necesita unos cuantos más. Los decretos se bautizan. Las casas, en cambio, hay que levantarlas.