Balance de fin de año: “Diferente”
No hay nada que olvidar. Debemos grabarnos a fuego este 2020, con todo lo malo, pero también con todo lo bueno. “Las mareas calmas no crean marineros hábiles”

El cambio de año se espera con esperanza
El balance al final de año se ha convertido en una tradición instaurada. Todo aquel que es medio activo en las redes sociales prepara con mimo un post especial para publicar en los últimos días de diciembre en el que comparte sus vivencias, el recuento de lo hecho y lo aprendido durante los 12 meses transcurridos.
Este año la tónica parece que será otra. Lo que predomina es el tono de queja hacia el 2020, llegando a la mofa de que ni se den las campanadas. Pasar así, de puntillas, sin hacer mucho ruido al 2021. Nos inundan con memes catalogándolo como un año perdido. Y se evidencia una clara huelga generalizada del tipo de publicaciones del esperado balance.

Durante el confinamiento sacamos nuestro lado más creativo, el culinario, el solidario, afianzamos los vínculos del núcleo familiar –otros se dieron cuenta de que no había nada que afianzar-, pero todo ello se ha ido diluyendo en las fases de la desescalada hasta llegar a convertirse en un lejano sueño que parece no haberse vivido. No haberse disfrutado.
De estas vivencias tan difíciles es de las que más deberíamos aprender
Es cierto que ha sido un duro año. Muy duro. En especial para quienes han perdido a un ser querido -agravado por la imposibilidad de despedirlo con el cariño que se merece-. También para el que se ha quedado sin trabajo o el que se haya visto abocado a cerrar su negocio. Pero no por ello debe ser un año para olvidar. Es un año de vida diferente. El autor del exitoso libro El poder de la Kabbalah, Yehuda Berg, asegura que “Las mareas calmas no crean marineros hábiles”. Es precisamente de estas vivencias tan difíciles de las que más deberíamos aprender. No hay nada que olvidar. Debemos grabarnos a fuego este 2020, con todo lo malo, pero también con todo lo bueno.
A pesar de todo, la vida ha continuado
Las mayores lamentaciones vienen dadas por la anulación del viaje de las vacaciones de verano, por el no haberse podido celebrar las fiestas patronales o porque las familias han sido reducidas al mínimo exponente para pasar estas Navidades. Tanto mirarse el propio ombligo del ‘sacrificio’ han pasado por alto que la vida ha seguido a su alrededor y se lo están perdiendo.
Este 2020 también ha traído regalos. Han nacido bebés -muchos bebés-, se han lanzado nuevos disco al mercado, presentado libros, abierto nuevos negocios, reinventado otros para adaptarse a las necesidades que las circunstancias demandaban. A pesar de todo, la vida ha continuado, a otra velocidad -o más bien a un ritmo diferente- pero ha continuado. El 2021 puede que sea un año mejor, o simplemente que sea un año normal y corriente, que ya es bastante.
*En la fotografía: Olga Avellán junto a su hija Andrea, nacida en abril de 2020