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Miguel Hernández en Ucrania

“En cada carta que escribe a Josefina y a su familia, expresa, no solo el cansancio físico por seguir el apretado programa cultural que le imponen, sino la emoción de lo que está conociendo”

Miguel Hernández en Ucrania

Miguel Hernández en Ucrania

Publicado por
Redacción Oirhuela

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El 25 de agosto de 1937, el poeta Miguel Hernández sale de Valencia con dirección a Barcelona para tomar el tren a París, en viaje que le llevará a Estocolmo y después a Moscú, invitado por el Ministerio de Instrucción de la II República. Recuerda José Luis Esparcia en un artículo conmemorativo publicado en el último número de Silbos, revista de la Asociación de Amigos de Miguel Hernández, que cuando el 1 de septiembre por la tarde llega a la URSS y expresa su nostalgia de España, de Josefina Manresa y de sus esparteñas, que debió cambiar por unos incómodos zapatos, lleva en el corazón el terruño: “Es muy bonito Moscú, pero no tanto como Cox”, bromea el poeta que, desde el primer instante, emplea un tono emocionado por encontrarse en la “nación del trabajo y de los trabajadores y de la alegría”, como escribirá a su familia, ya desde Kiev, adonde llega el 17 de septiembre en un tren que recorre, desde las ocho de la tarde, los casi novecientos kilómetros que separa ambas ciudades.

“En cada carta que escribe a Josefina y a su familia, expresa, no solo el cansancio físico por seguir el apretado programa cultural que le imponen, sino la emoción de lo que está conociendo”, dice Esparcia que finaliza así su artículo: “Solo Miguel Hernández podía crear una emoción tal que convirtiera la realidad en anhelo de paraíso. El poeta oriolano quedó, como tantos otros, admirado por el decorado del ideal proletario; tal y como estaban las cosas en España, aquel esfuerzo de trabajo en común le presentaba un paisaje de ilusión en la verdadera destrucción de los yugos que él tanto combatía. Su tendencia a la esperanza y a la superación, le llevaban a los paisajes más armoniosos de la fortaleza del alma”, tal vez –concluye- imbuido por aquel Pasternak que escribía:

Aquello duró solo un instante,

pero hubiera podido eclipsar

la eternidad.

Este número 8 de la tercera época de Silbos contiene también los siguientes artículos: “Recuerdo de hernandianos que dejaron huella: Carlos Álvarez y María Teresa Bravo”; “Madrid, tres poetas de la vida a la muerte” (Francisco Esteve); “Novedades editoriales sobre Miguel Hernández” (Aitor L. Larrabide); “Algo Más sobre la prosa ‘Verano e invierno’ de Miguel Hernández (César Moreno); “Abandono de Miguel Hernández en Madrid” (Ramón Fernández Palmeral); Noticias de Actualidad de la Asociación; Poemas de Carlos Álvarez y María Teresa Bravo Bañón; “Conocer a Miguel Hernández en sus intérpretes” y Entrevista a Adolfo Celdrán.

Este último número de Silbos se abre con un editorial que dice así: “El 1 de enero de 2023 la obra de Miguel Hernández pasará a la situación jurídica de ‘dominio público’; es decir, ya no generará derechos de autor y podrá ser utilizada por cualquier persona con fines lícitos y de acuerdo al espíritu del poeta. Es una buena noticia para las editoriales; pero, en realidad, Miguel Hernández es de dominio púbico desde que su obra y su ejemplo adquirieron la condición de míticos. Es, como siempre se dijo, el poeta del pueblo, y nada va a hacer cambiar esta consideración, mucho menos hoy, cuando los medios de comunicación colectivos e individuales, ofrecen infinitas posibilidades de difusión.

Se puede decir que Miguel Hernández, gracias también a la labor de su viuda y herederos, es un poeta de todos, y así seguirá siendo”.

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