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Volver a tiempos moros

Toda España salta al grito de “¿y de lo mío qué?”, con dolosa y expectante intriga ante un más que posible agravio comparativo

La vicepresidenta primera del Gobierno de España, María Jesús Montero.

La vicepresidenta primera del Gobierno de España, María Jesús Montero.ROCIO RUZ / EUROPA PRESS

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Dice así la Constitución Española en el apartado 2º del artículo III del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana: “La Generalitat podrá solicitar del Estado la celebración de los correspondientes tratados o convenios en los Estados donde existan dichas Comunidades, con la finalidad de que pueda cumplirse lo establecido en el presente artículo.”

Paridad de paridades: todo es paridad.

Creo que no hay que doctorarse en Derecho Constitucional para entender que cuánto pidan, negocien y obtengan nuestros vecinos del norte, los catalanes, intercambiando progresivas cuotas de independencia del Estado, por prorrogar la estancia de Pedro Sánchez en el trono de La Moncloa, podemos obtenerlas nosotros, los valencianos, simplemente con sacar el manual oficial de la Constitución, y abrirlo por la página referente al Estatut de Comunitat Valenciana.

Tampoco deberíamos rascarnos excesivamente la sesera para interpretar las palabras del Presidente del Gobierno y de sus corifeos/as (“Only you”), cuando afirman insistentemente que vamos ¿o nos abocan? hacia un Estado confederal; el sistema político más federal-autónomo de provincias, regiones, etc. respecto al nuevo Gobierno central. Eso nos llevaría a ejemplos como la creación de los Estados Unidos o de Suiza, por poner 2 ejemplos sobradamente conocidos, aunque aquí en la península ibérica también tuvimos nuestros Estados independientes con los reinos taifas en el bando coránico versus los cristianos que bajaban en armas para recuperar la Hispania visigótica. Tanto los unos como los otros mantuvieron muchas guerras entre ellos mismos, alianzas de la Cruz y la Media Luna, paces largas y cortas hasta que los Reyes Católicos expulsaron al último reino nazarí. Huelga citar el permisivo centralismo foral de los Austrias, como el posterior centralismo absolutista de los Borbones hasta la renovación de las hostilidades separatistas en el siglo XX que dieron lugar a la guerra civil ganada por Franco, y se apagó la luz durante tantos años que da grima recordarlo. Por fin volvimos “por la senda de la Constitución” con unas ciudades y comunidades autónomas que no eran otra cosa que federaciones con mayor o menor emancipación y distinto nombre.

Ahora Pedro Sánchez esconde en la chistera la Confederación de Cataluña, como Cataluña oculta en el doble fondo de la caja mágica sus evocados Països Catalans. Toda España salta al grito de “¿y de lo mío qué?”, con dolosa y expectante intriga ante un más que posible agravio comparativo. Carlos Mazón, alicantino de nacencia y valenciano de patria, coloca pancartas en la frontera con Cataluña, en Las Cortes Valencianas y en el despacho de la calle Caballeros, rotuladas con el apartado 2º del artículo III del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana. Los socialistas PSPV se ponen de perfil pidiendo paciencia a la espera de en qué queda todo eso del acuerdo PSC con Esquerra Republicana, servil Sumar se suma sin condiciones; mientras Compromís hace de tripas corazón rindiéndose ante una futurible evidencia no por más oculta hoy, menos gravosa para el País Valencià el día de mañana, y los poemitas: poco menos que nada.

No se le pueden dar a Cataluña miles de millones añadidos sin quitarnos proporcionales cientos a nosotros los valencianos, siquiera con la cuenta de la vieja que hace la ministra de Hacienda María Jesús Montero. Asumir que ya somos un Estado confederal contraería tantas obligaciones añadidas como para después de recaudar todo lo nuestro, devolver algo más que las gracias a las arcas centrales madrileñas, porque quedan demasiadas infraestructuras por hacer aquí (carreteras, ferrocarril de vía estrecha, metropolitanos, ayuda a mancomunidades, educación en todos sus niveles, inaplazables mejoras en centros sanitarios y atención…) que difícilmente podríamos devolver un euro si tenemos los mismos derechos y obligaciones que lo pactado por Sánchez con Cataluña.

No se le pueden dar a Cataluña miles de millones añadidos sin quitarnos proporcionales cientos a nosotros los valencianos

“Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible” dijo el genial y ocurrente torero Guerrita. ¿Alguien alcanza a imaginar a los catalanes viviendo como daneses o monegascos, mientras andaluces, manchegos, extremeños y demás viven como en el África económicamente más depauperada? Quiero suponer que ya tuvimos bastante lección y escarmiento social con una guerra civil; recuérdese también el Principado de Cataluña en 1640, o la declaración de Cataluña como Estado independiente (confederado con la República) en 1934, en ambas ocasiones acabaron regresando al Estado español tras mucho coste de sangre y fuego. Nadie en su sano juicio hoy, incluidos los más independentistas, piensan en tan fratricida solución, aunque algún gilipollas que otro haya coqueteado con los rusos empeñados en desequilibrar y desestabilizar la UE en un imaginario tan imposible como idiota.

Illa ha devuelto (sólo en algunas instituciones) la bandera de todos los españoles flanqueando a la europea y la catalana. Es un paso tranquilizador a la vez que una bofetada a la soberbia y empoderamiento soberanistas. Pero nada nos ha dicho de hasta donde piensa ceder en lo que estos consideran como irrenunciable de puño y letra, y el resto como ruptura más o menos encubierta.

España es la que es en el siglo XXI, y no podemos volver a la Europa del medievo.

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