El trasvase Tajo-Segura, cuestión de supervivencia para el Sureste español
Ante la intransigencia sanchista han conseguido un frente común, no sólo que pronto irá a Madrid manifestando su descontento y natural cabreo por semejante arbitrariedad en deprecio de la supuesta solidaridad que debía haber entre españoles

Protesta por el recorte de agua previsto en el trasvase Tajo-Segura en la Cámara de Comercio de Murcia.
Desde hace tantos años como trabajo en esta profesión de informantes, y ya son muchos, llevo escribiendo sobre el enconado tema del trasvase Tajo Segura, algo, al parecer tan irresoluble como la entropía y su grado de incertidumbre.
Los ministros tecnócratas franquistas lo diseñaron dentro de un Plan Hidrológico Nacional, entre otras grandes obras de aprovechamiento hídrico tanto para la energía como para regadío, incluso para ambos, con una celeridad y empeño como para que en la calle, con esa guasa y retranca tan nuestra se le llamara “Paco Pantanos” al propiamente autoinstituido como “Caudillo de las Españas”. Una semana y otra también el diario cinematográfico oficial NO-DO (obligado a proyectarse antes de las películas), sacaba al General, vestido mismamente, recorriendo o inaugurando obras hidráulicas expuestas por la voz de fondo como prodigio del Régimen y tan abultados datos de ingeniería pública como loas al entonces “Jefe de Estado”. Claro que, en aquel sórdido tiempo, a ver quién tenía bemoles y libertad para criticar al déspota, e incluso para exponer planes alternativos.
Como no hay mal que 100 años dure, encamado y entubado se nos fue Franco Bahamonde, vino la ilusionante democracia, y con ella la España de las autonomías con proyecciones federalistas que algunos quisieron y quieren aprovechar como recurso de un separatismo irredento. Para satisfacer a todos, sin contentar a ninguno, se desarrolló un sistema autonómico de 2 velocidades, es decir de vascos, catalanes, gallegos y navarros con más y mayores competencias de autogobierno que el resto; lo cual generaría insatisfacciones por el manifiesto agravio comparativo del “todos queremos más, y más y más” que cantaba el tanguista Alberto Castillo.
Lógicamente ya la larga se generó insatisfacción, recelo y envidias esencialmente entre quienes tenían el cambio de marchas en regional segunda velocidad, cuando durante la mayor parte del siglo XX había sido automático, aunque con un embrague distorsionado dependiendo de quién lo apretara.
El agua como principal carburante social generó los primeros conflictos para la Comunidad Valenciana, tanto con Cataluña que no quería trasvasar los sobrantes de la desembocadura del Ebro hacia el Júcar, de donde parte del caudal pasaría al Segura; como con Castilla-La Mancha, con un demagogo Pepe Bono ganando elecciones muy presumido de haber cortado la cañería al Sureste español, aunque ello supusiese pérdida de millas de millones de euros para futuras exportaciones hortofrutícolas.
Ahora, Pedro Sánchez, desde su arbitraria soberbia como presidente de un gobierno que institucionalmente está por encima de todos los demás, decreta, a instancias de Emiliano García-Page (PSOE) versus Carlos Mazón (PP) apretar otra vuelta la llave del Tajo al Segura, decisión que probablemente le cueste muchos votos (Almería, Granada, Murcia, Alicante) en la próxima convocatoria, mayormente en las zonas rurales que aspiran a aumentar sus espacios de cultivo huertano en alternancia al seco que apenas da cereales incomparablemente menos rentables que las frutas y hortalizas.
Nos cuentan desde las asociaciones agrícolas (más de 80.000 regantes y sus familias, sin contar otra mitad poblacional que depende de ello: exportadores, maquinaria, conservas, manufacturación, abonos, etc.) siendo muchas y variadas, pero que ante la intransigencia sanchista han conseguido un frente común, no sólo que pronto irá a Madrid (de momento no han concretado la fecha) manifestando su descontento y natural cabreo por semejante arbitrariedad en deprecio de la supuesta solidaridad que debía haber entre españoles. Y añaden que las protestas: asambleas, manifestaciones y censuras públicas no cesarán hasta que Pedro Sánchez revoque el decreto que tanto como injustamente los perjudica.
No están en contra, ni mucho menos, en que los agricultores del Sureste contribuyan a sufragar la ampliación de los enormes campos manchegos con plantaciones de maíz, guisante para el forraje, avena y un largo etc. convertible en semitropical gracias a las aguas del Ebro y del Tajo, ahí falló José María Aznar, no pueden ampliar su demostrada productividad consiguiendo abastecer el enorme mercado europeo que ahora se aprovisiona en el Magreb y otros países tropicales de 3 continentes, cuando nosotros, como miembros de la UE tenemos todas las ventajas y preferencias.
Desgraciadamente Mazón no pasa por su mejor momento político para enfrentarse al también amortizado Pedro Sánchez, pero decenas de millas de agricultores sí lo harán porque en ello les va el pan de cada día. Los niños de hoy, si no se lo explicamos, a veces creen que frutas y hortalizas nacen en las repisas de los supermercados, hora va siendo de que en escuelas y colegios, además de los padres, se les explique lo que cuesta fructificar un campo en demanda urbana que crece cada día. Hagámoslo, los medios de comunicación también tenemos esa responsabilidad.