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¿Camps versus Mazón?

La suerte del PP reincide en que extramuros de la Comunitat Valenciana

Francisco Camps, en el acto celebrado esta semana en Valencia

Francisco Camps, en el acto celebrado esta semana en Valencia

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Hace unos meses ya adelantó Francisco Camps, Paco para los amigos incondicionales y bastante residuales, que regresaba a la arena política, obviamente en la “su” Comunidad Valenciana “del alma”, e indefectiblemente para volver a ocupar el puesto de President del Govern, cargo del que tuvo que salir trasquilado por los no siempre acuciantes tribunales y saltando como reo en pena política de uno a otro banquillo declarativo. Hoy a lo que parece, Camps se ha librado de sentencias terminales y puede presentarse bajo las siglas del PP (o por libre) a cualquier convocatoria electoral, para lo cual no necesita otra cosa que los avales necesarios, en este caso de los populares valencianos, los únicos con opciones para gobernar, lo están haciendo con Vox, o/y como única alternativa la coalición de izquierdas tutelada por el PSPV con el apoyo incondicional de Compromís, y la sumisión de un humeante rescoldo podemita.

Unos días atrás, Camps ha renovado su candidatura sobre mesa y mantel que hace bulto, pero no es multitudinaria, aún a sabiendas de que iba a chocar con la dirección nacional, donde manda férreamente Núñez Feijóo, quien ya le advirtió, a través interpuesto, en su primera intentona de vuelta, de que es el partido a través de su ejecutiva quien nombra a los candidatos, y no al contrario; y que cuando pensaran que él era la opción con mayores posibilidades de éxito renovado, ya se lo comunicarían, porque de su explícito voluntarismo quedaban sobradamente enterados. Por lo tanto, y siguiendo la normativa del PP, Camps debía esperar a un Congreso puntual o extraordinario que lo nombrase candidato oficial, necesariamente compitiendo con el designado desde Madrid, y avalado por la mayoría de las agrupaciones regionales y locales.

“No hay ningún Congreso convocado”, ni se le espera, dice Miguel Tellado portavoz del PP nacional cuando Núñez Feijóo no está disponible.

Mal pintan las cosas para Camps, y peor que van a pintar por desobediente y extemporáneo, ha querido dar un definitivo y definitorio paso adelante, aprovechándose, y eso en Génova 13 parece torticero, del mal momento que atraviesa Carlos Mazón (sobre todo en Valencia, Camps no se lo ha callado en cualquier entrevista que ha podido conseguir). Bien conocer los estrategas del PP que para semejante viaje a segundos asaltos no necesitan en frente a los artilleros de la oposición, sino que con el cismático enemigo en casa se basta y sobra para perder las próximas elecciones.

Quizá por ello Camps en su banquete de “reinauguración”, y en posteriores declaraciones de equilibrista dialéctico, no quiso ni quiere entrar contra liderazgos populares, siquiera contra Mazón, aunque quien sepa leer discursos y entrecomillados, sabe también entrever la crítica velada del ahora boticario consorte al afirmar que la derecha valenciana está perdiendo fuelle peligrosamente, y él, y sus mariachis retro como Fabra, Rus o Castedo, “vaya tropa” entre otras viejas glorias baqueteadas por las togas, son los únicos que puede volver a insuflarlo junto a unos cuantos bisoños de la valencianía en la doctrina Lizondo.

Mientras Mazón, más tocado que un pato de madera en el tiro de feria, sigue aferrado a que el tiempo lo cura todo, y todavía puede convertirse en el gran previsor-restaurador capaz de repintar casas, cauces y “convincentes” subvenciones para los afectados, invitándolos ya dos veces a su muestra pública de constricción; por otra parte, las manifestaciones en su contra son cada vez más exiguas y menos apartidistas; a la postre su posición observar cómo las últimas prospecciones de voto, aunque descontentas con Mazón, no sumen al PP valenciano en la insignificancia futura de la que presumieron sus detractores asunto distinto es la espada de Damocles que pende sobre la cabeza del presidente valenciano, cuyo puño y tajo es personal y única potestad de Feijóo, quien, si no lo ha ejecutado en el patíbulo de los ex, no fue por afecto a su condotiero en nuestra Comunitat, sino por carecer de relevo (la alcaldesa de Valencia no aceptó, el alicantino Barcala tampoco), y, otros varios/as no llegaban al nivel, y menos cuando se necesita una remodelación total sin pasados pendientes y con sobrado prestigio popular e intelectual.

¿Cómo va a resolverse todo esto? Desde luego sin el trasquilado Mazón, pero también sin el imperdonable Camps. La suerte del PP reincide en que extramuros de la Comunitat Valenciana, Pedro Sánchez, peor imposible, aumenta el desaliento entre los propios, y la credibilidad en los ajenos. Encima, el haberse auto proclamado como matón oficial de la banda europea, desafiando al unísono a Donald Trump y a Putin, es una temeridad que España puede pagar muy cara en el concierto económico mundial. Claro que eso es, otra película.

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